jueves 29 de septiembre de 2011

MJIGUEL LAWNER EVOCA A JOSE MIGUEL VARAS, AMIGO DE TODA UNA VIDA

VARAS Querido hermano, entrañable camarada y amigo: Sacando cuentas serían al menos 68 los años en los cuales compartimos la amistad y los ideales. Nos conocimos a comienzos de los cuarenta en el viejo Instituto Nacional, donde ambos recibimos la admirable formación entregada entonces por la educación pública chilena. Además de las aulas, nuestras inquietudes juveniles se canalizaron en instituciones como la Academia de Letras, cuyas reuniones tenían lugar en la biblioteca del Liceo, recinto donde un lote de audaces adolescentes osaba leer sus primeras creaciones literarias. Tu llegabas a cada sesión siendo portador de un nuevo relato, que leías con el rostro imperturbable de siempre, desatando invariablemente un coro de carcajadas. Dejaste un recuerdo tan imborrable en esa Academia institutana, que ayer llegó a la casa de la Hormiga una delegación de sus actuales integrantes, muchachos que hicieron un alto en la lucha, para testimoniar su gratitud por tu legado que se identifica con sus actuales demandas. . Al egresar del colegio, iniciaste muy joven el periodismo, sin abandonar tu precoz carrera literaria, combinada con el trabajo de locutor de radio, sacando partido a tu fino timbre de voz barítono. Son los años en que comenzó a tejerse el grupo de amigos que caminaríamos tan estrechamente unidos a lo largo de la vida, compartiendo la amistad y los ideales por construir una sociedad más justa. Algunos como tu ingresaron a las filas del Partido Comunista. Otros no militaron, pero ninguno escatimó esfuerzos en la tarea de construir paso a paso el movimiento popular que desembocó en el triunfo de Salvador Allende como Presidente de la República. En ese proceso jugaste un rol relevante. Desde las trincheras del diario El Siglo y la revista Vistazo, orientaste la dirección de los misiles contra las injusticias, las discriminaciones y el sometimiento a los dictados del gran capital. Nunca hiciste concesiones por lo cual sufriste más de algún carcelazo y relegación. El periodismo nutrió tu obra literaria. Te alimentó con el conocimiento del mundo popular; con los trabajadores y con tantos hombres y mujeres que la mayoría de los narradores desestima como protagonistas de sus obras. Nos hiciste amar a un faquir, a un vendedor de tren, a la dama del balcón, al cabro que aseguraba haberle visto el ojo a la papa, a la Huachita, un quiltro abandonado en Calama, o a un Gato muy dado a su idea. Caminaste por los barrios populares, nos hiciste amar las casas en ruinas de calle Matucana o la humilde caleta de pescadores que inventaste en Varazón. Tu obra enriqueció la identidad de los chilenos y nuestra diversidad cultural. El golpe militar te llevó hasta la Unión Soviética donde asumiste la dirección del programa radial Escucha Chile, emitido por dos horas, cada día mientras la dictadura se mantuvo en el poder. Tu voz junto a la de Volodia, Katia y otros compañeros, acompañó a millones de chilenos dentro y fuera de Chile. A hurtadillas siempre fue posible oírte en Isla Dawson, como en Puchuncaví o Tres Alamos. Escucha Chile nos trajo la verdad, sistemáticamente tergiversada por la dictadura, infundiéndonos fuerza y ánimo para soportar tantos crímenes y vejaciones. No hay metro que pueda calibrar la colosal contribución de ese programa, del cual fuiste un conductor abnegado y ejemplar. Retornado a Chile, pudiste dedicar más horas a la creación literaria sin abandonar del todo el periodismo. Empezaste a hurgar en los recuerdos para entregarnos con un humor más maduro, relatos tan atractivos como Las Pantuflas de Stalin o diversos episodios vividos junto a Neruda, que nos permitieron conocer una suerte de lado B de nuestro ilustre vate. Aguardábamos con ansiedad el lanzamiento de un nuevo libro. El evento carecía de su habitual solemnidad porque como de costumbres partías tomándonos el pelo, al relatarnos, con absoluta seriedad, tu encuentro casual en la víspera con un viejo condiscípulo del Instituto Nacional, que te enrostraba tus presuntas ingratituides. Así hasta el próximo lanzamiento, cuando reaparecía el mentado compañero de curso, con una nueva andanada de reproches. En los últimos años creció tu renombre. Se multiplicaron las invitaciones a encuentros, entrevistas, seminarios y presentaciones de libros. Podría decirse que estabas acosado y te costaba rehusar tantas solicitudes. Este cuadro era un reflejo del prestigio originado por tu obra literaria. Tu hogar junto a Iris, fue el lugar de los encuentros. El sitio natural para congregarnos en torno a algunos tragos, sabrosas especialidades culinarias caseras y pláticas, siempre condimentadas con tu humor infinito. Así fue en Moscú como en Santiago. Has tenido una despedida multitudinaria como debía ser. El hogar de la Hormiga se hizo estrecho para acoger a todos quienes deseaban decirte adiós. Paulo y Silvia, tus incondicionales editores de LOM, adornaron la casa con un retrato de gran tamaño desde el cual nos miras esbozando una leve sonrisa, algo irónica. Se multiplicaron las ofrendas florales y los mensajes de despedida. Difícil reemplazarte tovarich Varas. Haremos lo imposible por rodear a Iris, tu digna compañera del amor que le brindaste durante largos años de un matrimonio ejemplar. Lo mismo haremos con tus hijas Andrea y Mariana, como con Ana Iris, Cristina e Inés; con tus nietos y yernos, sin olvidar de reemplazarte en la tarea inconclusa de desentrañar la muerte de tu cuñado René Largo Farías, misión en la cual seguías empeñado hasta tus últimos días. Adiós José Miguel Varas Morel… un tenaz como pocos. Miguel Lawner, 26 de Septiembre de 2011.

lunes 26 de septiembre de 2011

LA VOZ DE RUSIA RINDE POSTRER HOMENAJE A JOSE MIGUEL VARAS

Moscú, 26 de septiembre de 2011 En Moscú nos ha causado enorme tristeza la noticia del deceso del conocido escritor chileno, laureado del Premio Nacional de Literatura, entre otros, José Miguel Varas. Fue un gran amigo de la emisora “La Voz de Rusia”. Muchos de nuestros colegas conocieron personalmente a José Miguel y recuerdan su labor en el legendario programa “Escucha Chile”, que se transmitía desde Moscú en los años de la dictadura castrense. A través de este programa los chilenos se enteraban de lo que ocurría en la patria y que la prensa censurada, cómplice del régimen, callaba. “Escucha Chile” denunciaba los crímenes de la Junta y llevaba hasta el país la palabra de la solidaridad internacional. En 2006, nosotros, sus amigos rusos nos sentimos muy felices de poder felicitar a José Miguel por la distinción del Premio Nacional de Literatura. Pero, para dicha nuestra, no interrumpió la labor periodística y, hasta el fin de sus días fue corresponsal de “La Voz de Rusia”, la antigua Radio Moscú, en Santiago de Chile. José Miguel tenía muchos amigos en Rusia. Durante su último viaje a Rusia estuvo de visita en nuestra emisora, como lo recuerdan las fotografías que ofrecemos en nuestro sitio electrónico. Encontrándose en la emigración en nuestro país, y trabajando en Chile, José Miguel hizo mucho para el estrechamiento de nuestras culturas. No es casual que, en 2007, por decreto del presidente de Rusia le fuera conferida la prestigiosa medalla Pushkin. Vayan nuestras mas profundas condolencias a la familia de José Miguel Varas, a la Sociedad de Escritores de Chile, con motivo de la partida de nuestro gran amigo. El recuerdo de José Miguel quedará para siempre en el corazón de sus amigos y colegas rusos. A.G. Bistritzki Presidente de “La Voz de Rusia”
Las agencias de informaciones anunciaron el deceso del conocido escritor chileno, laureado del Premio Nacional de Literatura José Miguel Varas Morel. José Miguel fue un gran amigo de nuestra emisora. Durante largo tiempo estuvo vinculado al chileno el veterano de nuestra radio, Leonard Kosichev, quien, embargado por la tristeza de la muerte de José Miguel escribió estas páginas, que tituló, “En memoria del amigo chileno”. Hoy día, tras la partida de José Miguel Varas quiero departir mis sentimientos con sus amigos chilenos y lectores. Conocí a José en Chile, en los años del gobierno de Salvador Allende, cuando era director del servicio de noticias de la TV nacional. Es verdad que, ya antes, había leído su interesante librito, editado entonces al ruso, “Porai”, y distintos cuentos. Pero, José estaba entregado entonces a la labor publicista, y cierta vez me dijo, sincerándose, que casi no le quedaba tiempo para la creación literaria. En aquel período lo principal para José Miguel eral defensa del gobierno de Allende, contra el que sus enemigos políticos habían lanzado una furiosa guerra informativa. Nos hicimos amigos con José. Como corresponsal Radio Moscú y de la TV soviética pude siempre contar con su ayuda profesional y apoyo, que es siempre tan indispensable para un periodista extranjero en tierras extrañas. El 11 de septiembre de 1973, a tempranas horas me despertó un telefonazo. Escuché la voz de José Miguel quien pronunció solo escasas palabras: “Leonard: Por ahora no está muy claro. Pero en Valparaíso y en Puerto Monte se levantó la flota. Todo parece indicar que comenzó una insurrección militar”, me dijo rápidamente. Horas mas tarde seguía por las transmisiones radiales como los aviones y los tanques de los golpistas asaltaban el palacio de La Moneda. Allí, con un fusil en las manos pereció Salvador Allende, defendiendo su mandato constitucional. Entonces, en Chile se perpetró un golpe de Estado que remeció la conciencia del mundo por su crueldad. Días mas tarde de la llegada al poder de la Junta castrense encabezada por el general Pinochet leía en los periódicos la nómina de destacados partidarios de Allende que eran buscados por las autoridades de facto. En ella figuraba el nombre de José Miguel Varas. Pero, José había logrado pasar a la clandestinidad y mas tarde pudo refugiarse en la embajada de Alemania y, con la ayuda de esta, abandonar Chile. Ya pueden imaginarse la alegría que sentí cuando volvimos a encontrarnos en Radio Moscú. Aquí, durante quince años encabezó el grupo de periodistas emigrantes chilenos, que juntos con los colegas soviéticos preparaban el famoso programa “Escucha Chile”. Este programa se convirtió en el dolor de cabeza permanente de la Junta. Los chilenos se enteraban a través de él de lo ocurría en la patria y que la prensa censurada callaba. “Escucha Chile” denunciaba los crímenes de la Junta y llevaba hasta el país la palabra de la solidaridad internacional. Y nuevamente, el trabajo periodístico diario le absorbía mucho tiempo a José Miguel, quien sabía que los programas de “Escucha Chile” eran un aporte a la lucha por el restablecimiento de la democracia en Chile. Y cuando el largamente esperado día de la libertad llegó, y José retornó a Chile, por fin pudo abocarse de veras a la creación literaria. En 2006, nosotros, sus amigos rusos nos sentimos muy felices de poder felicitar a José Miguel por la distinción del Premio Nacional de Literatura. Pero, para dicha nuestra, no interrumpió la labor periodística y, hasta el fin de sus días fue corresponsal de “La Voz de Rusia”, la antigua Radio Moscú, en Santiago de Chile. José Miguel dejó en Chile a muchos amigos, entre los que me ubico. Durante su viaje último a Moscú, a fines del 2010, tuve la suerte de tenerlo de visita en mi hogar. Y ahora, con toda nuestra familia nos reunimos para recordar al amigo, según la costumbre rusa, con un trago de vodka. Recordábamos su sonrisa, su humor, su cordialidad, y el brindis de sobremesa que pronunciara en esa ocasión: “Por mis fieles amigos rusos”. Encontrándose en la emigración en nuestro país, y trabajando en Chile, José Miguel hizo mucho para el estrechamiento de nuestras culturas. No es casual que, en 2007, por decreto del presidente de Rusia le fuera conferida la prestigiosa medalla Pushkin. Al recibir la medalla, José Miguel Varas puso de relieve este signo de distinción, en alusión a la enorme relevancia que para él tenían Rusia, la cultura del país, y particularmente su literatura. La labor de José Miguel varas en el campo literario la continúa una de sus hijas, Cristina, conocida ya por sus traducciones al español de Pushkin, Bulgakov, de Averchenko y de otros escritores rusos. Es posible que mis hijas que crecieron y recibieron educación en Rusia, dijo cierta vez José Miguel Varas, sean el mayor aporte al estrechamiento de las culturas rusa y chilena... Condolencias de nuestros oyentes Estimados amigos: Tenemos el dolor de informarles el fallecimiento de nuestro amigo, compañero del tiempo, pasado y presente, José Miguel Varas Morel. Su deceso se produjo este viernes 23, a causa de una falla cardíaca. "Jota Eme" será velado este sábado 24 y domingo 25 en la casa de la cultura "Michoacán", conocida como "la casa de la Hormiguita", Delia del Carril, ubicada en Lynch Norte 166, La Reina. Sus funerales se efectuarán el lunes en el cementerio Parque del Recuerdo, Avenida Américo Vespucio 555, comuna de Huechuraba. Previamente a las 12 horas se realizará un acto de despedida en Michoacán tras lo cual el cortejo se dirigirá al Parque del Recuerdo. Les saluda, en nombre de la familia y de todos los compañeros y amigos de José Miguel, nuestro amigo de tantas batallas y circunstancias. Marcel Garcés -- “Inesperadamente, a las 19.30 horas, el premio nacional de literatura 2006 y destacado periodista, José Miguel Varas, falleció a consecuencia de un paro cardiaco cuando dormía. Su fallecimiento se produjo el mismo día en que murió su gran amigo, el poeta Pablo Neruda. José Miguel es un personaje de grandes historias que escribió, que lo hicieron merecedor a la máxima distinción de las letras en Chile y en otras distintos países, incluído de Europa. Fue quien dirigió el equipo de periodistas chilenos que desarrolló bajo la dictadura militar en Chile programas diarios a través de Radio Moscú, destinados a la opinión pública internacional y al pueblo chileno. “Escucha Chile” fue sugerido desde Chile por un grupo de luchadores clandestinos. José Miguel Varas acompañó al Secretario General del PC chileno, Luis Corvalán, en todas sus giras por los países europeos luego que la dictadura debió liberarlo por la presión internacional y la ayuda fraterna de la ex Uniсn Soviética en aquel entonces. Mario Gómez López” - “Los colegas de Varas lo recuerdan como un director, un profesional de notables condiciones y una devoción a la causa de la libertad del pueblo chileno como algo que significó alcanzar niveles de éxito y de madurez política en circunstancias nuevas que se gestaban tras el golpe militar en Chile. Como uno de sus colegas que fue ayudante dentro del equipo que transmitía el programa “Escucha Chile” y otro que llevaba el nombre de “Radio Magallanes”. Era un hombre absolutamente serio y, sin embargo, con un ingenio y una memoria para contar anécdotas y chistes o en salidas frente a situaciones como las que ocurrían en Moscú. Escribió un libro que descubre muchos secretos de cómo era la ex URSS y que el tituló “Las pantuflas de Stalin”. Para algunos de sus amigos, colegas, este libro marca su dedicación ciento por ciento al regresar del exilio a la literatura. Para quienes no lo conocieron, sepan que tenía un ingenio con visiones de incalculables matiz, narradas con una seriedad monacal. En Moscú, su casa era el lugar de reunión dominical de los periodistas chilenos que trabajaban en Radio Moscú, con un asado a la sudamericana y uno o más vodka a la soviética. Quienes le conocieron valoran su consecuencia política, su grandeza profesional como escritor y periodista y sus condiciones humanas para ser el gran amigo que todos soñamos tener en nuestra vida. Lautaro Aguirre” -- “Una tremenda perdida personal, porque fue un gran amigo, un jefe excepcional, una nueva ausencia colectiva porque fue un modesto indispensable, de la escuela del Tata Lucho, periodista comprometido, e incansable. Hubo que pedir que le sacaran tanto turno, porque trabajaba a la par con todos. Uno de los mejores escritores de Chile, un humorista fino, dibujante empedernido, un compañero ejemplar, cariñoso padre y amoroso marido, abuelo chocho. Es un orgullo haber trabajado 10 años con él como verdaderos camaradas, Junto a un grupo de notables colegas tenaces, claritos y fraternos, entend́ió todas las locuras y apoyó incluso aquella llamada a pisagua. Sus casas siempre estuvieron abiertas para todos, con afecto auténtico me pidió hablar entre sus muchos amigos. Estrella cuando cumplió sus 80. Hace una semana le dije al presidente del colegio Metropolitano que teniamos que hacer algo bueno entre él y los periodistas para este grande que segía haciendo despachos a la vieja radio. Ahora hasta me da pánico mirar al espejo y ver cómo pasó el tiempo. Por eso miro a las hermosas hijas que son el tesoro y regalonas de JM. Estoy muy triste, un dolor tras otro, pero somos guerreros hasta el final. Un abrazo en esta pena inconsolable para mi querida amiga Iris, para sus estimadas hijas. Estaremos con uds en este trance tan terrible, inesperado y demoledor. Rodrigo Cerda -- “Falleció el escritor y periodista José Miguel Varas. Amados hermanos, aqui les mando una lamentable noticia tanto para Chile así como para ustedes los rusos, sobre todo los que han pertenecido a la Radio Moscú, porque falleció el connotado escritor chileno, locutor de radio, periodista, premio nacional de literatura 2006, José Miguel Varas. Sé que ustedes lamentarán mucho esta noticia, por los estrechos lazos que nos y los unían a este personaje de nuestras historias comunes. Recuerdo que en una oportunidad me llamó telefónicamente a Vilcún avisándome que ustedes me habían enviado regalos desde Rusia, consistente en relojes, piochas, tarjetas, pegatinas y otros souvenirs con imágenes talladas de Moscú; me preguntó esa vez por qué medio podían enviarmelas, ante lo cual lo reconocí de inmediato por su voz y le expresé la gran honra y sorpresa que era para mí escucharlo, ante lo cual él me replicó, que quizás no era para tanto. Ese fue nuestro encuentro, lo tengo muy grabado en mi memoria. Al altísimo ruego lo tenga en su santo reino. José Alejandro Montero Aedo

RADIO LA HABANA DE CUBA Y PERIODISTA EDUARDO LABARCA RINDEN HOMENAJE A JOSE MIGUEL VARAS QUE ESTE MEDIODIA SERÁ SEPULTADO EN PARQUE DEL RECUERDO

VARAS Por Eduardo Labarca, escritor ¿Por dónde empezar? Quizás por el final, por la muerte de José Miguel Varas: muerte silenciosa, apacible como él. ¿Apacible? Nada hay menos apacible que la vida de Varas. Lo apacible era su exterior sin estridencias, sin odios ni odiosidades. Porque interiormente Varas corría a la velocidad del sonido. Cuando leía, sus pupilas eran dos granos de maqui que galopaban adheridos a la página: palabras, ruidos, terremotos, nada interrumpía su concentración. Leía como metralleta, se devoraba un libro en una hora y lo increíble es que recordaba cada detalle. Era un hombre quieto, casi inmóvil, encapsulado. No necesitaba gritar ni aletear: estaba protegido por su aura. Y cuando parecía que su silencio iba a impedir el contacto, una palabra, un gesto de su boca o sus ojos ponían a fluir la comunicación. Varas era un hombre de amigos, no de amiguetes; de confianza, no de confianzudez. Su voz de barítono calmado dio solemnidad nocturna a los programas culturales y policiales de las radios chilenas a la antigua; puso una nota de indignación y urgencia en las transmisiones de Radio Moscú que los chilenos oían en las noches de la noche militar.
“Porai” se llama el personaje de una de sus novelas, vagabundo, afuerino de campo. Cuando le preguntaban de dónde venía, el hombrecito sólo atinaba a decir “por ahí”… “porai”. Hombrecitos nebulosos, mujeres como tantas son los/las protagonistas de los cuentos y novelas de Varas, quien las/los convierte en personajes literarios o simplemente de nuestra vida. Otro protagonista es el humor fino de sus relatos escritos de un tirón. Vida desapacible. Varas viajó por todos lados y vivió en diversas partes. Leía en cualquier idioma y hablaba muchos. Cuando le pregunté dónde había aprendido el inglés, me dijo… “por ahí”, el francés lo agarró “par là”, el italiano quizás dónde, el checo y el ruso trabajando en las radios de los países respectivos. El Premio Nacional le cayó sin hacer lobby y la visibilidad pública que le trajo fue todo menos buscada. Hablando de las horas que su flamante fama le arrebataba me dijo: “No puedo negarme”. Entendía el premio como un apostolado que lo inducía a atender a todo periodista que lo llamara o a cada estudiante que preparase una tesis, a escribir todos los prólogos que le solicitaran, a presentar libros buenos y menos buenos, a brindar en los inefables vinos de honor, a pronunciar responsos fúnebres en los cementerios. Ni agitador ni hombre de exabruptos, Varas ponía su firma al pie de todos los manifiestos, fiel hasta el final a una causa amplia de justicia sin demasiadas etiquetas. ¿Qué habría sido de Varas sin Iris, su mujer, y sus cuatro hijas? Imposible imaginarlo solitario. Su ensimismamiento aparente era profundamente social, familiar. Varas… porai. Eduardo Labarca www.eduardolabarca.com http://eduardolabarca.blogspot.com/
RADIO LA HABANA RINDE HOMENAJE A JOSE MIGUEL VARAS Desde Radio Habana Cuba expreso mis condolencias por el fallecimiento del colega y amigo José Miguel Varas, a quien conocí en Santiago en 1962, cuando cumplía misión diplomática en Chile y a lo largo de los años nos encontramos también en Moscú y en La Habana Acabo de trasladar la triste noticia al compañero Tubal Páez, Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, y a otros colegas cubanos. Pedro Martínez Pírez Subdirector General Radio Habana Cuba

domingo 25 de septiembre de 2011

LEONARDO KOSISHEV DESDE MOSCU Y MANOLO DE LA ROSA DESDE LA HABANA, EXPRESAN SUS CONDOLENCIAS POR EL DECESO DE JOSE MIGUEL VARAS


Queridos Compañeros de Escucha Chile:

Solamente hoy he recibido la triste noticia. Mando este mensaje
de condolencias a Uds., familia de Varas, también a Luis
Figueroa y a Marcel Garcés.

En "La Voz de Rusia" el sábado y el domingo trabaja poca gente,
pero ayer el redactor del turno preparó y transmitió la información sobre la muerte
de Varas. Van a instalarla con su foto en la pagina de emisora en
Internet.
Yo solamente hoy he regresado del campo y he leído la carta que nos informa
esta triste noticia.

fuerte abrazo Leonard Kosichev

Moscú, Rusia, 25 de septiembre de 2011.

Para amigos de José Miguel Varas y su familia
Aunque todos somos mortales, me estremeció el fallecimiento
de José Miguel Varas. Yo y toda mi familia compartimos el dolor de la
partida de nuestro querido José Miguel. Hoy lo recordamos con un trago
de vodka, según la tradición rusa.

Hace poco durante su última visita a Rusia estuvo en mi casa
en Moscú. Aquello nos sirvió para recordar su sonrisa, su humor, su
compañerismo y su brindis: “Por mis fieles amigos rusos!” En realidad,
tenia muchos amigos en Rusia:
periodistas, escritores, diplomáticos, políticos y la gente corriente.
Era gran amigo de nuestro pueblo y admirador de la literatura clasica
rusa.

José Miguel hizo mucho para Chile, cuando estuvo en el exilio
en nuestro país. Y no solo a través del programa de Radio Moscú
“Escucha, Chile!” Todos los años de su vida en el exilio propagó la
cultura chilena en Rusia, sobre todo la obra de Pablo Neruda.

En mi biblióteca doméstica conservo la mayoria de sus libros, que
siempre van a recordarme a nuestro querido José Miguel, premio nacional
de literatura.

Trasmitan las condolencias mías, de mi esposa Lera, hijo Andrey a
Iris, compañera de José Miguel y sus hijas.

Leonard Kosichev

Director de programas de Radio Moscú para
America Latina en los años del programa “Escucha, Chile!”



CONDOLENCIAS DESDE CUBA

Fraternos compañeros de Escucha Chile:

Hoy el colega Pedro Martínez Pírez me llamó para darme la triste noticia del fallecimiento del amigo José Miguel Varas,lo que lamentamos muy sinceramente mi esposa Malena y yo.
Ha sido una pérdida muy sensible.
Te ruego transmitas a su esposa Iris e hija nuestras más sinceras condolencias.
Saludos a tu familia.
Un abrazo:
Manolo de la Rosa
RADIO LA HABANA - CUBA


LA VOZ DE RUSIA

Acaba de conocerse la triste noticia del deceso, en Santiago de Chile, del corresponsal de nuestra emisora, José Miguel Varas. Hombre de letras de gran valor en su país y el continente, distinguido con el Premio Nacional de Literatura, toda su vida la entregó al periodismo. Desde la capital chilena recibimos este luctuoso mensaje:

Estimados amigos:

Tenemos el dolor de informarles el fallecimiento de nuestro amigo, compañero del tiempo, pasado y presente, José Miguel Varas Morel.

Su deceso se produjo este viernes 23, a causa de una falla cardíaca.

"Jota Eme" será velado este sábado 24 y domingo 25 en la casa de la cultura "Michoacán", conocida como "la casa de la Hormiguita", Delia del Carril, ubicada en Lynch Norte 166, La Reina.

Sus funerales se efectuarán el lunes en el cementerio Parque del Recuerdo, Avenida Américo Vespucio 555, comuna de Huechuraba.

Previamente a las 12 horas se realizará un acto de despedida en Michoacán tras lo cual el cortejo se dirigirá al Parque del Recuerdo.

Les saluda, en nombre de la familia y de todos los compañeros y amigos de José Miguel, nuestro amigo de tantas batallas y circunstancias.

Marcel Garcés

viernes 23 de septiembre de 2011

FALLECE JOSE MIGUEL VARAS, UN GRAN PERIODISTA, UN LUCHADOR POR LOS DERECHOS DE TRABAJADORES QUE LO DISTINGUIO EN TODO EL MUNDO



de Mario Gómez López, el Viernes, 23 de septiembre de 2011, 23:38

Inesperadamente, a las 19.30 horas, el Premio Nacional de Literatura 2006 y destacado periodista, José Miguel Varas, falleció a consecuencia de un paro cardiaco cuando dormía. Su fallecimiento se produjo el mismo día en que murió su gran amigo, el poeta Pablo Neruda.

José Miguel es un personaje de grandes historias que escribió, que lo hicieron merecedor a la máxima distinción de las letras en Chile y otras en distintos países, incluido Europa.

Fue quien dirigió el equipo de periodistas chilenos que desarrolló bajo la dictadura militar en Chile programas diarios a través de Radio Moscú, destinados a la opinión pública internacional y al pueblo chileno.

“Escucha Chile” fue sugerido desde Chile por un grupo de luchadores clandestinos. José Miguel Varas acompañó al secretario general del PC chileno, Luis Corvalán, en todas sus giras por los países europeos luego que la dictadura debió liberarlo por la presión internacional y la ayuda fraterna de la ex Unión Soviética en aquel entonces.



Los colegas de Varas lo recuerdan como un director, un profesional de notables condiciones y una devoción a la causa de la libertad del pueblo chileno como algo que significó alcanzar niveles de éxito y de madurez política en circunstancias nuevas que se gestaban tras el golpe militar en Chile.

Como uno de sus colegas que fue ayudante dentro del equipo que transmitía el programa “Escucha Chile” y otro que llevaba el nombre de Radio Magallanes.

Era un hombre absolutamente serio y, sin embargo, con un ingenio y una memoria para contar anécdotas y chistes o en salidas frente a situaciones como las que ocurrían en Moscú escribió un libro que descubre muchos secretos de cómo era la ex URSS y que el tituló “Las pantuflas de Stalin”. Para algunos de sus amigos, colegas, este libro marca su dedicación ciento por ciento al regresar del exilio a la literatura.

Para quienes no lo conocieron, sepan que tenía un ingenio con visiones de incalculables matiz, narradas con una seriedad monacal. En Moscú, su casa era el lugar de reunión dominical de los periodistas chilenos que trabajaban en Radio Moscú, con un asado a la sudamericana y uno o más vodka a la soviética.

Quienes le conocieron valoran su consecuencia política, su grandeza profesional como escritor y periodista y sus condiciones humanas para ser el gran amigo que todos soñammos y tener en nuestra vida.

miércoles 6 de julio de 2011

EDUARDO LABARCA LE REFRESCA LA MEMORIA AL GENERAL MATHEI Y A LA FACH SOBRE LOS PILOTOS QUE BOMBARDEARON LA MONEDA Y AL PRESIDENTE ALLENDE


El segundo avión que atacó La Moneda iba piloteado por Fernando Rojas Vender (“Rufián”), quien llegó a ser comandante en jefe de la FACH. Su primer disparo apuntó al techo del palacio presidencial. En una última pasada, los pilotos usaron cañones de 30 mm. La operación fue coordinada desde tierra por el operador aéreo, comandante Enrique Fernández Cortez (“Gato”)

6 de Julio de 2011
Estos pilotos bombardearon La Moneda
Eduardo Labarca
Periodista y escritor. Autor del libro Salvador Allende. Biografia Sentimental
http://www.elmostrador.cl



Aunque los mandos de la FACH y los pilotos de la época “no se acuerdan”, los nombres de quienes bombardearon La Moneda se conocen y han de quedar registrados en la Historia de Chile. El ministro Mario Carroza, que investiga la muerte del Presidente Salvador Allende, interrogó en vano al general Fernando Matthei sobre la identidad de los participantes en el bombardeo y es poco probable que los demás oficiales que pueda citar recuperen la memoria.

Sin embargo la información la conocen otros antiguos miembros de la FACH que no están juramentados ni tienen motivos para guardar el secreto. A fines de la década del 70 del siglo pasado, el autor de esta nota recorrió durante dos semanas varias ciudades de Inglaterra y Escocia para entrevistar a ex miembros de la FACH y de la Marina que habían sido detenidos, torturados y expulsados de esas instituciones por haberse opuesto al golpe militar. Al darles asilo político, el Reino Unido los había repartido en diversas localidades. Las entrevistas quedaron registradas en más de 12 horas de grabación.

Los dos oficiales y dieciocho suboficiales de la FACH entrevistados mencionaron los nombres de los pilotos de los cazabombarderos Hawker Hunter que salieron de Carriel Sur, en Concepción, con la misión de destruir las antenas de las radios que apoyaban a Allende y disparar sus cohetes contra La Moneda y la residencia presidencial de Tomás Moro. Varios de los suboficiales expulsados eran técnicos, mecánicos o armeros y participaron en la preparación de los aviones y la carga de los proyectiles. Esos hombres mantenían una relación directa con los pilotos y los despidieron en la pista cuando emprendieron el vuelo hacia Santiago.



Oficial Líder de la operación fue el coronel Mario López Tobar (nombre de combate “Libra”), comandante del Grupo 7 y piloto del Avión 1, quien años más tarde escribió un libro sobre la jornada, pero sin dar nombres. El ataque comenzó con el bombardeo de cinco antenas, en el que participaron el propio López Tobar y otros tres aviones piloteados por “hunteristas”.

A las 11 de la mañana emprendieron vuelo desde Concepción otros cuatro cazabombarderos. La residencia de Tomás Moro fue atacada por los Hawker Hunter piloteados por el capitán Eitel Von Mühlenbrock y por el teniente Gustavo Leigh Yates, hijo del comandante en jefe de la FACH y miembro de la junta militar. Gustavo Leigh hijo equivocó el blanco y bombardeó el Hospital de la FACH, por lo cual hasta su muerte hace tres años era objeto de bromas y tallas en la institución.

Los otros dos aviones se elevaron a tres mil pies de altura y mientras volaban sobre la Estación Mapocho dispararon contra La Moneda sus cohetes antiblindajes Sura P-3, en cuatro pasadas. El primer disparo lo hizo el teniente de 24 años Ernesto Amador González Yarra (“Pekín”), famoso por su talento de piloto y certera puntería. González Yarra gozó por ello de gran prestigio en la institución hasta su muerte en 1995. Su primer disparo perforó la puerta principal de La Moneda con precisión.



El segundo avión que atacó La Moneda iba piloteado por Fernando Rojas Vender (“Rufián”), quien llegó a ser comandante en jefe de la FACH. Su primer disparo apuntó al techo del palacio presidencial. En una última pasada, los pilotos usaron cañones de 30 mm. La operación fue coordinada desde tierra por el operador aéreo, comandante Enrique Fernández Cortez (“Gato”).

Hay discrepancias en torno a la hora exacta del ataque a La Moneda. Según el coronel López Tobar, comandante de la operación, comenzó pocos minutos antes de las 11.30. El almirante Patricio Carvajal, jefe del estado mayor del golpe, sitúa el ataque entre las 11.52 y las 12.08. Según el general Gustavo Leigh, entonces comandante en jefe de la FACH, el ataque tuvo lugar “después de las 12”.

La celebración del éxito de la operación fue entusiasta, pero no unánime en la FACH. Cuando al regresar de la misión uno de los pilotos descendió de la cabina de su Hawker Hunter en la pista de Carriel Sur, fue recibido por un grupo de suboficiales que en lugar de felicitarlo lo miraron en silencio. El piloto se acercó, bajó la vista y les dijo:

–Lo siento… No fue mi culpa… no fue mi culpa… Perdonen…


Eduardo Labarca
Trabajó en el Programa Escucha Chile de Radio Moscú

domingo 15 de agosto de 2010

LUIS CORVALAN EN LA RETINA DE LOS RECUERDOS DE JOSE MIGUEL VARAS, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA



UN TAL CORREA

Desde el estrado que pusieron a la entrada del Cementerio General para la despedida final a Luis Corvalán, Andrea Insunza Corvalán habló de su abuelo con palabras bellas y certeras:
“Mi abuelo fue, ante todo, un tipo sencillo y honesto en su sencillez. Nació en una familia humilde y admiró profundamente a su madre Adelaida, pues fue ella quien se hizo cargo de criar a cinco hijos abandonados por el padre cuando mi abuelo tenía apenas 5 años. De ella aprendió a nunca darse por vencido, pues la bisabuela Adela, una mujer que no sabía leer ni escribir, tomó las riendas del hogar, se hizo costurera a domicilio, alimentó a sus hijos, y los educó para socorrerse mutuamente. Siempre, y hasta el miércoles en que nos dejó, mi abuelo tuvo cerca el retrato de su madre. /…/ En un hogar en que no se celebraban los santos, los cumpleaños, la pascua, ni el Año Nuevo, mi abuelo aprendió desde niño a lidiar dignamente con la escasez. Quizás por eso prefería el pipeño al buen vino, la comida casera a los restaurantes, la huerta propia y los corrales de pollos y cerdos, antes que el supermercado, en fin, la vida sencilla y austera a la que nunca renunció. Decía él que había que enseñar con el ejemplo, y así lo hizo”.

Escuchándola se me precipitaron los recuerdos.



Lo conocí en 1950. Me lo presentó Joaquín Gutiérrez (1) mientras caminábamos por la calle San Antonio, en una de nuestras habituales conversaciones peripatéticas, que nos llevaban desde la Librería Nascimento, donde él trabajaba, hasta el Correo Central de la Plaza de Armas y de vuelta a la librería.
Eran tiempos difíciles para el Partido Comunista: la ilegalidad y la represión del insigne traidor González Videla. Yo era un militante bisoño, todavía no me habituaba a mi nombre de Partido: Vicente, y sufría de una especie de picazón político-ideológica que me hacía tratar de leer, saber, entender y asimilarlo todo al plazo más breve. Mis conversaciones con Gutiérrez, militante antiguo, se componía especialmente de preguntas y respuestas: mis preguntas, sus respuestas.
Vamos caminando, pues, por la calle San Antonio, cuando veo que Joaquín se inclina profundamente para dar la mano a un hombre pequeño y delgado que ha aparecido misteriosamente caminando a nuestro lado. La profundidad de la inclinación no se debe a una forma arcaica de cortesía, sino a razones físicas: Gutiérrez mide más de un metro noventa, el desconocido tendrá apenas un metro sesenta.
- Este es el compañero Correa –dice Joaquín.
El hombre saluda sonriente. Sus ojos achinados casi desaparecen entre las “patas de gallo”, arrugas de alguien que sabe tomar la vida con humor. Nariz aguileña, pelo oscuro, bigote ralo. Camisa blanca muy gastada, corbata oscura. Un chileno pobre, cara de obrero o campesino. Joaquín le pregunta cómo va la casa. El hombre sonríe de nuevo e inicia un minucioso relato que continúa mientras nos tomamos una tacita de café, sentados ante una mesita en la fuente de soda “Dante”. Bueno, dice, los compañeros me liberaron de tareas por dos días para que pueda avanzar más rápido en la casa, aprovechando el buen tiempo. Sí, la estoy construyendo yo mismo con la ayuda de mi suegro, que tiene mucha práctica en el adobe. En realidad, no es propiamente una casa, es una pieza con techo. Ahí vamos a vivir, mi compañera, el hijo, la hija recién nacida, mi suegro y mi suegra. Poco lugar para tanta gente, pero, ¿qué se va hacer? Los pesos son escasos. Los funcionarios no nadamos en la abundancia.

-¿Funcionario público? –pregunto yo con inocencia. Joaquín y Correa ríen largamente. Yo miro primero a uno, después al otro, sin entender. Se ríen aún más.
-No, compañero –dice al fin Correa- funcionario del Partido.
Me quedo con la boca abierta. La idea de que el Partido tiene funcionarios, es decir, hombres que reciben un salario para dedicar todo su tiempo a la actividad política, a la Revolución, me parece una revelación maravillosa. Al mismo tiempo advierto que se trata de funcionarios pobres. Pobrísimos.
A Correa están a punto de lanzarlo a la calle. El dueño le subió el arriendo del caserón decrépito en que vive y no puede pagarlo. Lo echa con su compañera y sus hijos y sus suegros. Es tan “humano” que les da un plazo de dos semanas para que busquen adonde irse. Por suerte, un compañero profesor le ha ofrecido un sitio en un “loteo” de la Comuna de la Cisterna. No es más que un pedazo de suelo pelado. La casa tiene que ponerla Correa. Será de adobes. Joaquín formula preguntas técnicas sobre el adobe: dimensiones, receta de la mezcla del agua con la tierra y con la paja, duración del secado, forma de colocación de los adobes, etc.
-El barro hay que formarlo en un hoyo excavado a pala “a pura pata”, como quien pisa uva –explica Correa-. Se recomienda sacarse los pantalones para no ensuciarlos. Los adobes se forman vaciando el barro mezclado con paja en moldes de madera. Los muros ya están “así” (indica la altura con la mano) están saliendo muy derechitos y parejos. La casa puede estar lista en una semana. Otro compañero, que es de la construcción, está haciendo la armazón para el techo y va a ayudar a colocar las tejas.
Después se pasa a los temas políticos. En poco tiempo y en palabras sencillas, Correa describe un vasto cuadro: habla del precio del trigo y de lo que pasa en el campo y en el mercado, de los sindicatos que luchan contra la prohibición de elegir dirigentes comunistas, de las alzas y la inflación, de la cotización del cobre en Londres, de la lucha interna en el Partido Radical, del ascenso del movimiento sindical de los empleados bancarios y fiscales, de los presos políticos, de las vinculaciones del grupo dirigente del Partido Radical con la oligarquía financiera y las compañías yanquis. Con la misma sencillez habla luego de la guerra fría, de la bomba atómica y el movimiento mundial por la paz, de la Unión Soviética y las Democracias Populares.



Mira el reloj, se despide. Después que parte, interrogo a Joaquín: ¿Quién pero quién es este compañero? ¿Cuál es su profesión, qué hace en el Pa…- me interrumpo, porque ya sé que hay cosas que no se preguntan.
Gutiérrez, lacónico: -Es profesor primario. Y periodista. Revolucionario profesional. Es un hombre de la Dirección.
Unos meses después, Joaquín me llevó a la oficina de Correa, en el entrepiso de un edificio de la calle Agustinas, frente al local de la Sociedad Nacional de Agricultura. En la oficina había un escritorio, tres sillas, un pequeño estante para libros. No cabía nada más. Con Joaquín, Correa y yo en ella, parecía atestada. Correa colocó sobre la mesa con cierta solemnidad, un pesado paquete envuelto en papel café y amarrado con un cáñamo. Lo abrió cuidadosamente y nos dijo:
-¡Listo el pescado!
Eran los primeros ejemplares, olorosos a tinta y a papel recién cortado, del “Canto General” de Pablo Neruda. Edición clandestina de diez mil ejemplares. Joaquín comentó que eso era un record para Chile, donde nunca un libro de poesía había sido lanzado en tal tiraje y un record para América Latina en materia de ediciones clandestinas. El libro, con tapas de cartulina gruesa de color sepia, era de gran tamaño, en “octavo”, y el título “Canto General”, así como el nombre del autor aparecían en la portada en gruesas letras. Decía además: “América 1950”. Correa sonreía y daba leves palmadas al grueso volumen, como quien palmea el cogote de un caballo. Con evidente orgullo explicó:
-La tarea ha sido complicada. La composición se hizo en una parte, la impresión en otra. Hubo que trasladar todo el metal de un extremo a otro de Santiago. También el papel. Después sacar por etapas los cuadernillos impresos, porque la encuadernación se hizo en un tercer local. Joaquín sabe todo eso, porque le tocó una buena parte de la tarea, junto con su compañera. Pero todavía falta algo que es difícil: la distribución. Hay una cantidad de ejemplares vendidos anticipadamente, por suscripción. Creo que por lo menos una parte los despacharemos por correo.
El pie de imprenta indicaba que el libro se había hecho en la inexistente “Imprenta Juárez de México”. Detalle que resultó inteligente porque, cuando la policía detectó algunos ejemplares del “Canto General”, creyó realmente que habían sido traídos del exterior y estimó que la cantidad de libros en circulación no podía ser elevada. La relativa falta de atención que prestó al hecho, contribuyó a que la distribución pudiera completarse, sin tropiezos graves, en todo el país.
Joaquín propuso ir a tomar una botella de vino para celebrar el acontecimiento. La invitación fue aceptada, siempre que, dijo Correa, se hiciera extensiva a su compañera, que lo esperaba cerca de allí. Brindamos por el “Canto General” en un pequeño bar de la calle Moneda, desaparecido hace años. La morena y buenamoza Lily, de ojos pícaros, labios gruesos y sonrisa pronta, relató las últimas tribulaciones de la familia:
-¿Les contó Lucho de la casa que hicieron junto con mi papá, en el sitio que nos pasó un compañero?
-Sí, nos contó.
-Lo malo es que el sitio no era del compañero. Mejor dicho, el sitio del compañero no era ése, estaba como una cuadra más allá.
Joaquín se puso serio-: ¡No era el sitio donde ustedes construyeron! ¿Y que pasó entonces?
Lily sonreía con todos sus dientes, Correa fumaba y sonreía también. Ella continuó:
-Bueno, nada. Nos echaron de nuevo. Apareció el dueño del terreno y armó un escándalo. Lucho le dijo que talvez se había cometido un error, hay que ir a ver el plano, consultar en Bienes Raíces. El hombre se apaciguó y fueron juntos a hacer las consultas del caso. Resultó que tenía razón. O sea, tenemos que irnos de ahí. Por suerte el dueño entendió la situación, vio a los niños chicos, a los viejos. Igual exigió que nos fuéramos, pero nos dio un plazo.
-Habrá que cambiarse, pues -Correa ladeó la cabeza y se encogió de hombros-: Ya tengo ubicado el verdadero sitio del compañero profesor, ahora sí, con seguridad. Habrá que hacer otra casa…
-¿Y van a perder la que tienen ahora?
Lily se rió a carcajadas-: No es gran cosa lo que se pierde. Es una pura pieza de adobe con un tejado. No tiene ni tablas en el piso. Yo le he dicho a Lucho que ahora tiene que hacer algo mejor, de material sólido, y por lo menos con dos piezas para no estar tan amontonados…
-Lo embromado es que ya va a comenzar el mal tiempo –dijo Correa- y hay tantas tareas…
Estaba algo pensativo, pero no abatido. Cuando volvió a hablar, ya había dejado atrás el tema de la casa. Le preocupaba la educación política de los nuevos militantes, y también de los viejos. Y la falta de tiempo, que le dificultaba terminar un trabajo que él mismo había propuesto a la dirección: la biografía de Ricardo Fonseca. (2) Más tarde supe, por Joaquín, que Correa y su familia habían abandonado la casa “equivocada” y se habían trasladado a una nueva, en el mismo sector, también construida por él, con la ayuda de su suegro y de un camarada albañil que se agregó al equipo. La nueva casa tenía tres piezas, era de ladrillo, con cielo raso y piso de madera, un verdadero lujo.



La preocupación principal de Correa en esos días, me dijo Joaquín, era ir creando las condiciones para sacar un periódico legal, que al comienzo debía aparecer dos o tres veces por semana, con la perspectiva de llegar a transformarlo en diario. Se estimaba que ya existían condiciones políticas para que el Partido ilegal tuviera un periódico legal. “Democracia” salió a fines de 1950, si la memoria no me engaña. En sus páginas aparecían con frecuencia comentarios políticos firmados por Luis Correa. Por entonces yo ya sabía que el tal Correa era en realidad Luis Corvalán. Encargado Nacional de Propaganda del Partido Comunista de Chile.

José Miguel Varas


Notas.
(1) Escritor costarricense, novelista y poeta, que vivió treinta años en Chile.
(2) El libro apareció en 1952, bajo el título “Ricardo Fonseca, combatiente ejemplar”, sin firma de autor.

(Pedro Correa fue el nombre usado por el Partido Comunista de Chile, en los comentarios que hizo a través del programa Escucha Chile de Radio Moscú)