miércoles, 6 de julio de 2011

EDUARDO LABARCA LE REFRESCA LA MEMORIA AL GENERAL MATHEI Y A LA FACH SOBRE LOS PILOTOS QUE BOMBARDEARON LA MONEDA Y AL PRESIDENTE ALLENDE


El segundo avión que atacó La Moneda iba piloteado por Fernando Rojas Vender (“Rufián”), quien llegó a ser comandante en jefe de la FACH. Su primer disparo apuntó al techo del palacio presidencial. En una última pasada, los pilotos usaron cañones de 30 mm. La operación fue coordinada desde tierra por el operador aéreo, comandante Enrique Fernández Cortez (“Gato”)

6 de Julio de 2011
Estos pilotos bombardearon La Moneda
Eduardo Labarca
Periodista y escritor. Autor del libro Salvador Allende. Biografia Sentimental
http://www.elmostrador.cl



Aunque los mandos de la FACH y los pilotos de la época “no se acuerdan”, los nombres de quienes bombardearon La Moneda se conocen y han de quedar registrados en la Historia de Chile. El ministro Mario Carroza, que investiga la muerte del Presidente Salvador Allende, interrogó en vano al general Fernando Matthei sobre la identidad de los participantes en el bombardeo y es poco probable que los demás oficiales que pueda citar recuperen la memoria.

Sin embargo la información la conocen otros antiguos miembros de la FACH que no están juramentados ni tienen motivos para guardar el secreto. A fines de la década del 70 del siglo pasado, el autor de esta nota recorrió durante dos semanas varias ciudades de Inglaterra y Escocia para entrevistar a ex miembros de la FACH y de la Marina que habían sido detenidos, torturados y expulsados de esas instituciones por haberse opuesto al golpe militar. Al darles asilo político, el Reino Unido los había repartido en diversas localidades. Las entrevistas quedaron registradas en más de 12 horas de grabación.

Los dos oficiales y dieciocho suboficiales de la FACH entrevistados mencionaron los nombres de los pilotos de los cazabombarderos Hawker Hunter que salieron de Carriel Sur, en Concepción, con la misión de destruir las antenas de las radios que apoyaban a Allende y disparar sus cohetes contra La Moneda y la residencia presidencial de Tomás Moro. Varios de los suboficiales expulsados eran técnicos, mecánicos o armeros y participaron en la preparación de los aviones y la carga de los proyectiles. Esos hombres mantenían una relación directa con los pilotos y los despidieron en la pista cuando emprendieron el vuelo hacia Santiago.



Oficial Líder de la operación fue el coronel Mario López Tobar (nombre de combate “Libra”), comandante del Grupo 7 y piloto del Avión 1, quien años más tarde escribió un libro sobre la jornada, pero sin dar nombres. El ataque comenzó con el bombardeo de cinco antenas, en el que participaron el propio López Tobar y otros tres aviones piloteados por “hunteristas”.

A las 11 de la mañana emprendieron vuelo desde Concepción otros cuatro cazabombarderos. La residencia de Tomás Moro fue atacada por los Hawker Hunter piloteados por el capitán Eitel Von Mühlenbrock y por el teniente Gustavo Leigh Yates, hijo del comandante en jefe de la FACH y miembro de la junta militar. Gustavo Leigh hijo equivocó el blanco y bombardeó el Hospital de la FACH, por lo cual hasta su muerte hace tres años era objeto de bromas y tallas en la institución.

Los otros dos aviones se elevaron a tres mil pies de altura y mientras volaban sobre la Estación Mapocho dispararon contra La Moneda sus cohetes antiblindajes Sura P-3, en cuatro pasadas. El primer disparo lo hizo el teniente de 24 años Ernesto Amador González Yarra (“Pekín”), famoso por su talento de piloto y certera puntería. González Yarra gozó por ello de gran prestigio en la institución hasta su muerte en 1995. Su primer disparo perforó la puerta principal de La Moneda con precisión.



El segundo avión que atacó La Moneda iba piloteado por Fernando Rojas Vender (“Rufián”), quien llegó a ser comandante en jefe de la FACH. Su primer disparo apuntó al techo del palacio presidencial. En una última pasada, los pilotos usaron cañones de 30 mm. La operación fue coordinada desde tierra por el operador aéreo, comandante Enrique Fernández Cortez (“Gato”).

Hay discrepancias en torno a la hora exacta del ataque a La Moneda. Según el coronel López Tobar, comandante de la operación, comenzó pocos minutos antes de las 11.30. El almirante Patricio Carvajal, jefe del estado mayor del golpe, sitúa el ataque entre las 11.52 y las 12.08. Según el general Gustavo Leigh, entonces comandante en jefe de la FACH, el ataque tuvo lugar “después de las 12”.

La celebración del éxito de la operación fue entusiasta, pero no unánime en la FACH. Cuando al regresar de la misión uno de los pilotos descendió de la cabina de su Hawker Hunter en la pista de Carriel Sur, fue recibido por un grupo de suboficiales que en lugar de felicitarlo lo miraron en silencio. El piloto se acercó, bajó la vista y les dijo:

–Lo siento… No fue mi culpa… no fue mi culpa… Perdonen…


Eduardo Labarca
Trabajó en el Programa Escucha Chile de Radio Moscú

domingo, 15 de agosto de 2010

LUIS CORVALAN EN LA RETINA DE LOS RECUERDOS DE JOSE MIGUEL VARAS, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA



UN TAL CORREA

Desde el estrado que pusieron a la entrada del Cementerio General para la despedida final a Luis Corvalán, Andrea Insunza Corvalán habló de su abuelo con palabras bellas y certeras:
“Mi abuelo fue, ante todo, un tipo sencillo y honesto en su sencillez. Nació en una familia humilde y admiró profundamente a su madre Adelaida, pues fue ella quien se hizo cargo de criar a cinco hijos abandonados por el padre cuando mi abuelo tenía apenas 5 años. De ella aprendió a nunca darse por vencido, pues la bisabuela Adela, una mujer que no sabía leer ni escribir, tomó las riendas del hogar, se hizo costurera a domicilio, alimentó a sus hijos, y los educó para socorrerse mutuamente. Siempre, y hasta el miércoles en que nos dejó, mi abuelo tuvo cerca el retrato de su madre. /…/ En un hogar en que no se celebraban los santos, los cumpleaños, la pascua, ni el Año Nuevo, mi abuelo aprendió desde niño a lidiar dignamente con la escasez. Quizás por eso prefería el pipeño al buen vino, la comida casera a los restaurantes, la huerta propia y los corrales de pollos y cerdos, antes que el supermercado, en fin, la vida sencilla y austera a la que nunca renunció. Decía él que había que enseñar con el ejemplo, y así lo hizo”.

Escuchándola se me precipitaron los recuerdos.



Lo conocí en 1950. Me lo presentó Joaquín Gutiérrez (1) mientras caminábamos por la calle San Antonio, en una de nuestras habituales conversaciones peripatéticas, que nos llevaban desde la Librería Nascimento, donde él trabajaba, hasta el Correo Central de la Plaza de Armas y de vuelta a la librería.
Eran tiempos difíciles para el Partido Comunista: la ilegalidad y la represión del insigne traidor González Videla. Yo era un militante bisoño, todavía no me habituaba a mi nombre de Partido: Vicente, y sufría de una especie de picazón político-ideológica que me hacía tratar de leer, saber, entender y asimilarlo todo al plazo más breve. Mis conversaciones con Gutiérrez, militante antiguo, se componía especialmente de preguntas y respuestas: mis preguntas, sus respuestas.
Vamos caminando, pues, por la calle San Antonio, cuando veo que Joaquín se inclina profundamente para dar la mano a un hombre pequeño y delgado que ha aparecido misteriosamente caminando a nuestro lado. La profundidad de la inclinación no se debe a una forma arcaica de cortesía, sino a razones físicas: Gutiérrez mide más de un metro noventa, el desconocido tendrá apenas un metro sesenta.
- Este es el compañero Correa –dice Joaquín.
El hombre saluda sonriente. Sus ojos achinados casi desaparecen entre las “patas de gallo”, arrugas de alguien que sabe tomar la vida con humor. Nariz aguileña, pelo oscuro, bigote ralo. Camisa blanca muy gastada, corbata oscura. Un chileno pobre, cara de obrero o campesino. Joaquín le pregunta cómo va la casa. El hombre sonríe de nuevo e inicia un minucioso relato que continúa mientras nos tomamos una tacita de café, sentados ante una mesita en la fuente de soda “Dante”. Bueno, dice, los compañeros me liberaron de tareas por dos días para que pueda avanzar más rápido en la casa, aprovechando el buen tiempo. Sí, la estoy construyendo yo mismo con la ayuda de mi suegro, que tiene mucha práctica en el adobe. En realidad, no es propiamente una casa, es una pieza con techo. Ahí vamos a vivir, mi compañera, el hijo, la hija recién nacida, mi suegro y mi suegra. Poco lugar para tanta gente, pero, ¿qué se va hacer? Los pesos son escasos. Los funcionarios no nadamos en la abundancia.

-¿Funcionario público? –pregunto yo con inocencia. Joaquín y Correa ríen largamente. Yo miro primero a uno, después al otro, sin entender. Se ríen aún más.
-No, compañero –dice al fin Correa- funcionario del Partido.
Me quedo con la boca abierta. La idea de que el Partido tiene funcionarios, es decir, hombres que reciben un salario para dedicar todo su tiempo a la actividad política, a la Revolución, me parece una revelación maravillosa. Al mismo tiempo advierto que se trata de funcionarios pobres. Pobrísimos.
A Correa están a punto de lanzarlo a la calle. El dueño le subió el arriendo del caserón decrépito en que vive y no puede pagarlo. Lo echa con su compañera y sus hijos y sus suegros. Es tan “humano” que les da un plazo de dos semanas para que busquen adonde irse. Por suerte, un compañero profesor le ha ofrecido un sitio en un “loteo” de la Comuna de la Cisterna. No es más que un pedazo de suelo pelado. La casa tiene que ponerla Correa. Será de adobes. Joaquín formula preguntas técnicas sobre el adobe: dimensiones, receta de la mezcla del agua con la tierra y con la paja, duración del secado, forma de colocación de los adobes, etc.
-El barro hay que formarlo en un hoyo excavado a pala “a pura pata”, como quien pisa uva –explica Correa-. Se recomienda sacarse los pantalones para no ensuciarlos. Los adobes se forman vaciando el barro mezclado con paja en moldes de madera. Los muros ya están “así” (indica la altura con la mano) están saliendo muy derechitos y parejos. La casa puede estar lista en una semana. Otro compañero, que es de la construcción, está haciendo la armazón para el techo y va a ayudar a colocar las tejas.
Después se pasa a los temas políticos. En poco tiempo y en palabras sencillas, Correa describe un vasto cuadro: habla del precio del trigo y de lo que pasa en el campo y en el mercado, de los sindicatos que luchan contra la prohibición de elegir dirigentes comunistas, de las alzas y la inflación, de la cotización del cobre en Londres, de la lucha interna en el Partido Radical, del ascenso del movimiento sindical de los empleados bancarios y fiscales, de los presos políticos, de las vinculaciones del grupo dirigente del Partido Radical con la oligarquía financiera y las compañías yanquis. Con la misma sencillez habla luego de la guerra fría, de la bomba atómica y el movimiento mundial por la paz, de la Unión Soviética y las Democracias Populares.



Mira el reloj, se despide. Después que parte, interrogo a Joaquín: ¿Quién pero quién es este compañero? ¿Cuál es su profesión, qué hace en el Pa…- me interrumpo, porque ya sé que hay cosas que no se preguntan.
Gutiérrez, lacónico: -Es profesor primario. Y periodista. Revolucionario profesional. Es un hombre de la Dirección.
Unos meses después, Joaquín me llevó a la oficina de Correa, en el entrepiso de un edificio de la calle Agustinas, frente al local de la Sociedad Nacional de Agricultura. En la oficina había un escritorio, tres sillas, un pequeño estante para libros. No cabía nada más. Con Joaquín, Correa y yo en ella, parecía atestada. Correa colocó sobre la mesa con cierta solemnidad, un pesado paquete envuelto en papel café y amarrado con un cáñamo. Lo abrió cuidadosamente y nos dijo:
-¡Listo el pescado!
Eran los primeros ejemplares, olorosos a tinta y a papel recién cortado, del “Canto General” de Pablo Neruda. Edición clandestina de diez mil ejemplares. Joaquín comentó que eso era un record para Chile, donde nunca un libro de poesía había sido lanzado en tal tiraje y un record para América Latina en materia de ediciones clandestinas. El libro, con tapas de cartulina gruesa de color sepia, era de gran tamaño, en “octavo”, y el título “Canto General”, así como el nombre del autor aparecían en la portada en gruesas letras. Decía además: “América 1950”. Correa sonreía y daba leves palmadas al grueso volumen, como quien palmea el cogote de un caballo. Con evidente orgullo explicó:
-La tarea ha sido complicada. La composición se hizo en una parte, la impresión en otra. Hubo que trasladar todo el metal de un extremo a otro de Santiago. También el papel. Después sacar por etapas los cuadernillos impresos, porque la encuadernación se hizo en un tercer local. Joaquín sabe todo eso, porque le tocó una buena parte de la tarea, junto con su compañera. Pero todavía falta algo que es difícil: la distribución. Hay una cantidad de ejemplares vendidos anticipadamente, por suscripción. Creo que por lo menos una parte los despacharemos por correo.
El pie de imprenta indicaba que el libro se había hecho en la inexistente “Imprenta Juárez de México”. Detalle que resultó inteligente porque, cuando la policía detectó algunos ejemplares del “Canto General”, creyó realmente que habían sido traídos del exterior y estimó que la cantidad de libros en circulación no podía ser elevada. La relativa falta de atención que prestó al hecho, contribuyó a que la distribución pudiera completarse, sin tropiezos graves, en todo el país.
Joaquín propuso ir a tomar una botella de vino para celebrar el acontecimiento. La invitación fue aceptada, siempre que, dijo Correa, se hiciera extensiva a su compañera, que lo esperaba cerca de allí. Brindamos por el “Canto General” en un pequeño bar de la calle Moneda, desaparecido hace años. La morena y buenamoza Lily, de ojos pícaros, labios gruesos y sonrisa pronta, relató las últimas tribulaciones de la familia:
-¿Les contó Lucho de la casa que hicieron junto con mi papá, en el sitio que nos pasó un compañero?
-Sí, nos contó.
-Lo malo es que el sitio no era del compañero. Mejor dicho, el sitio del compañero no era ése, estaba como una cuadra más allá.
Joaquín se puso serio-: ¡No era el sitio donde ustedes construyeron! ¿Y que pasó entonces?
Lily sonreía con todos sus dientes, Correa fumaba y sonreía también. Ella continuó:
-Bueno, nada. Nos echaron de nuevo. Apareció el dueño del terreno y armó un escándalo. Lucho le dijo que talvez se había cometido un error, hay que ir a ver el plano, consultar en Bienes Raíces. El hombre se apaciguó y fueron juntos a hacer las consultas del caso. Resultó que tenía razón. O sea, tenemos que irnos de ahí. Por suerte el dueño entendió la situación, vio a los niños chicos, a los viejos. Igual exigió que nos fuéramos, pero nos dio un plazo.
-Habrá que cambiarse, pues -Correa ladeó la cabeza y se encogió de hombros-: Ya tengo ubicado el verdadero sitio del compañero profesor, ahora sí, con seguridad. Habrá que hacer otra casa…
-¿Y van a perder la que tienen ahora?
Lily se rió a carcajadas-: No es gran cosa lo que se pierde. Es una pura pieza de adobe con un tejado. No tiene ni tablas en el piso. Yo le he dicho a Lucho que ahora tiene que hacer algo mejor, de material sólido, y por lo menos con dos piezas para no estar tan amontonados…
-Lo embromado es que ya va a comenzar el mal tiempo –dijo Correa- y hay tantas tareas…
Estaba algo pensativo, pero no abatido. Cuando volvió a hablar, ya había dejado atrás el tema de la casa. Le preocupaba la educación política de los nuevos militantes, y también de los viejos. Y la falta de tiempo, que le dificultaba terminar un trabajo que él mismo había propuesto a la dirección: la biografía de Ricardo Fonseca. (2) Más tarde supe, por Joaquín, que Correa y su familia habían abandonado la casa “equivocada” y se habían trasladado a una nueva, en el mismo sector, también construida por él, con la ayuda de su suegro y de un camarada albañil que se agregó al equipo. La nueva casa tenía tres piezas, era de ladrillo, con cielo raso y piso de madera, un verdadero lujo.



La preocupación principal de Correa en esos días, me dijo Joaquín, era ir creando las condiciones para sacar un periódico legal, que al comienzo debía aparecer dos o tres veces por semana, con la perspectiva de llegar a transformarlo en diario. Se estimaba que ya existían condiciones políticas para que el Partido ilegal tuviera un periódico legal. “Democracia” salió a fines de 1950, si la memoria no me engaña. En sus páginas aparecían con frecuencia comentarios políticos firmados por Luis Correa. Por entonces yo ya sabía que el tal Correa era en realidad Luis Corvalán. Encargado Nacional de Propaganda del Partido Comunista de Chile.

José Miguel Varas


Notas.
(1) Escritor costarricense, novelista y poeta, que vivió treinta años en Chile.
(2) El libro apareció en 1952, bajo el título “Ricardo Fonseca, combatiente ejemplar”, sin firma de autor.

(Pedro Correa fue el nombre usado por el Partido Comunista de Chile, en los comentarios que hizo a través del programa Escucha Chile de Radio Moscú)

miércoles, 21 de julio de 2010

LUIS CORVALÁN, UN HIJO DE SU PUEBLO Y UN POLITICO EJEMPLAR FALLECIÓ ESTE MIERCOLES EN LA MADRUGADA



LUIS CORVALÁN, UN HIJO DE SU PUEBLO Y UN POLITICO EJEMPLAR FALLECIÓ ESTA MADRUGADA

Por Mario Gómez López

Quien fuera secretario general del Partido Comunista durante un tiempo excepcionalmente extenso, a consecuencia de la persecución personal en su contra bajo el gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952), no abandonará nunca el respeto por los trabajadores de su país y la lección de consecuencia, responsabilidad, sacrificio y entrega absoluta a sus obligaciones que fueron un sello de distinción además de una contribución permanente a la unidad de los trabajadores de nuestro país.

Hace unos días, este espacio publicó una fotografía en que él, de pequeña estatura, escuchaba unas declaraciones de Fidel Castro en una etapa crucial de la vida del que por largos años fue secretario general de su partido. Esa fotografía suscitó una reacción de profundo cariño y respeto. Esos dos aspectos de esa relación con los chilenos le dieron a la política en sí una calidad que emanaba del corazón de su pueblo. Podría afirmarse que él fue una lección permanente de modestia, de un lenguaje chispeante y de una profundidad teórica sorprendente.

Viajó por el mundo y su figura pequeña en tamaño físico alcanzó dimensiones de un político de altísimo nivel.

Quien esto escribe fue siempre amigo de él, a partir de una amistad más grande y profunda con mi hermano José Gómez López, ya fallecido, y muchas veces ellos dos discutían caminando entre Ahumada y Amunategui, por la acera norte de la Alameda y yo amoldándome a los pasos cortos de ambos y a las súbitas interrupciones en que se detenían para reafirmar alguna idea.

Don Lucho intentó que José Gómez se reintegrara al Partido del que fue militante desde muy joven. Pero éste siempre le explicó: no puedo superar mi angustia de que tengamos prohibición de salir a la calle a denunciar al traidor Gabriel González Videla que ocupaba la presidencia de la República.

De alguna manera fui hijo de mi hermano que despertó en mí esa férrea solidaridad con clase trabajadora, me llevó a ser un obrero de la construcción, un trabajador campesino y en Argentina, ajustador de máquinas telefónicas.

Creo que quien haya conocido a Don Lucho tendrá un recuerdo lleno de sentimientos personales y él nunca pretendió ni quiso ser una estrella de la política sino el mismo estudiante de maestro primario de la Escuela Normal de Chillán.

En Moscú, caminábamos domingo a domingo por el Parque Botánico en que él adoptaba una actitud de timidez ante los saludos y gritos de cariños que los moscovitas le brindaban porque nunca se consideró héroe de nada.

Hoy al despedirme de él, represento a José Gómez, a mi familia, a tantos que lo consideramos siempre sabio, leal, que en sus análisis entregaba todo lo que su Partido le había enseñado, además del producto de sus increíble cantidad de libros que hace unas semanas atrás me los mostraba empinándose para alcanzar un volumen y contarme la historia de a quien correspondía y la dedicatoria que el autor le brindaba.

Me contó un secreto: “Mario, Lily está enojada conmigo”. Ella no había parecido aún en el living y se encontraba dedicada de salud. Hoy, mañana, se reunirán sus hijas con sus hijos, que son los nietos de este chileno tan chileno y habrá de parte toda la familia un mensaje para el único hijo varón fallecido durante su exilio.

Don Lucho, usted fue un grande, usted con su sencillez y sabiduría creó frases que se recordarán siempre, sus términos criollos, en especial al iniciarse una campaña electoral.

A días de que intenten perdonar a los más feroces asesinos de nuestro pueblo en la historia de Chile, una abrazo para la familia y nuestros respetos a todos los que estuvieron y seguirán con él.

domingo, 31 de enero de 2010

DIRECTIVOS DE RADIO LA VOZ DE RUSIA VISITAN AL EMBAJADOR DE CHILE EN MOSCU, AUGUSTO PARRA



Aquí están Leonard Kosichev, Jefe de las Emisiones de la Voz de Rusia para América Latina y España, el Embajador de Chile en Rusia, Augusto Parra, el periodista Genadi Sperski y el Encargado de negocios de Chile en Rusia.
Durante la visita del 24 de diciembre de 2009, a la Embajada chilena, en Moscú.

domingo, 8 de noviembre de 2009

ESCUCHA CHILE: UNA PÁGINA MEMORABLE DE RADIO MOSCÚ-LA VOZ DE RUSIA



El 29 de octubre se cumplen 80 años del comienzo de las emisiones radiales desde Moscú para el extranjero. Buenas noches amigos oyentes, con ustedes la locutora……..
…y el analista Guenadi Sperski.

Los primeros programas salieron al aire en los idiomas alemán, inglés y francés. A partir de agosto de 1932, Radio Moscú Internacional comenzó a hablar en español. En nuestros tiempos, su sucesora es la Compañía estatal de radiodifusión “La Voz de Rusia”. En las décadas transcurridas, no pocas páginas memorables están escritas en la historia de la Redacción latinoamericana. Hoy queremos abrir una de ellas, que data del 11 de septiembre de 1973, día del golpe militar en Chile. Con ustedes el jefe en sus días del programa de radio Moscú, “Escucha Chile”, Guenadi Sperski.

Sp: La noticia del bombardeo a La Moneda llegó a Moscú al final del día. El director de nuestra redacción, Babken Seraponiantz indicó que ahora habría que cambiar el carácter de las transmisiones para Chile. Poco después llegó del Comité estatal de la URSS de Radio y TV la resolución por la que se creaba la sección chilena en los marcos de la redacción Latinoamericana..



M: Y Usted, Guenadi, fue puesto al frente de ella. ¿Cómo se explica aquella elección?
SP: Resulta que, durante un año realicé una práctica profesional en Santiago, en la Universidad de Chile y conocía mejor que otros la situación en ese país. Babken Seponiantz me propuso bautizar el nuevo programa con el nombre de “Escucha Chile”. Su decisión fue aprobada por los locutores Luís Chequini y Katia Olievskaya . Sus señales de llamada fueron los acordes de la marcha “Venceremos”, de mi amigo, el compositor Sergio Ortega. Escuchemos una vez mas la presentación de nuestro programa en la interpretación de Katia Olevskaya y de José Miguel Varas.

Sp: El único chileno en Radio Moscú era entonces el senador, escritor y miembro de la dirección del Partido Comunista de Chile Volodia Teitelboim, quien se encontraba en Europa, en tareas políticas al momento del golpe. El 18 de septiembre de 1973, en el Día de la Independencia de Chile salió al aire la primera edición del programa. En un comienzo teníamos que limitarnos a las informaciones de las agencias, las que, sin embargo, no ofrecían un cuadro cabal y objetivo de la realidad chilena. Pero, ¿de dónde sacarlas? Las comunicaciones con nuestro corresponsal en Santiago, Leonard Kosichev, quedaron cortadas…

M: Leonard Kosichev encabeza la redacción latinoamericana de “La Voz de Rusia” y hoy participa en este programa. Sabemos, Leonard, que usted, aunque fue arrestado, logró conservar la grabación del último mensaje de Allende a su pueblo, emitida por Radio Magallanes.
Leonard K.: Así fue. La voz de Allende tenía como fondo trágico los combates que habían comenzado ya en torno al palacio de La Moneda. Y su voz como que se imponía sobre el silbido de las balas, y el trueno de las explosiones. El presidente hablaba con un dominio de si mismo increíble para el momento que se vivía. Allende anunció sin pensarlo dos veces. “En la encrucijada de la historia no renunciaré; he sido elegido por el pueblo y estoy dispuesto a sacrificar mi vida, pero no me rendiré”. Me preocupaba lo que podría ocurrir con esa grabación de ser atacada nuestra corresponsalía en Santiago. Una semana después del golpe fui arrestado como representante de Radio Moscú, acusada de realizar una propaganda antichilena. Y toda la propaganda antichilena consistía en que contábamos la verdad de lo que ocurría en Chile, de las represiones, de los asesinatos, sobre los que prensa controlada y la censura, naturalmente no informaba. Pero yo logré, literalmente un día antes de mi arresto, hacer llegar a nuestra embajada aquella valiosa y preciada grabación para mí. Gracias a los esfuerzos de la embajada fuí puesto en libertad y la cinta aquella se conservó también.

Sp: Recuerdo Leonard nuestro encuentro a tu regreso de Chile. Radio Moscú llevó tus reportajes y la grabación de la voz de Allende a todo el mundo. Luego, a petición de nuestros colegas enviamos copias de esa grabación a Radio Berlín, de Praga, de Varsovia, Sofía, de Budapest, de Londres. Escuchemos un fragmento del último mensaje de Salvador Allende:



M: Igor Kudrin, al igual que Guenadi Sperski realizó una práctica de estudios en la Universidad de Chile, en Santiago, donde se hizo amigo de Nelson, un estudiante de Sociología. Igor, ¿qué sabes de cuál fue la suerte de tu amigo?
Kudrin: Nelson pereció después del golpe de Estado a manos de los militares. En un programa de “Escucha Chile” me referí a este caso. Para mi asombro, a través de Argentina llegaron a Moscú unas cuantas cartas de sus amigos. Ellos denunciaban que en su asesinato estaban implicados los subordinados del coronel Carlos Delpiano. Hace cuatro años estuve en Santiago y recorrí los lugares donde solíamos pasear con Nelson. Hace tiempo que sería un magnífico profesor y un genuino chileno. Es una pena que no alcanzara a vivir para ver el Chile renovado.

M: Tres décadas mas tarde de la muerte del heroico presidente recibimos un mensaje de gratitud de su hija, la diputada Isabel Allende Bussi: “Los chilenos no olvidaremos el importante rol solidario que Radio Moscú, a través del programa Escucha Chile, cumplió durante la dictadura de Pinochet, denunciando los graves atropellos a los DDHH, informando de las acciones solidarias que en distintos lugares del mundo se realizaban a favor de nuestra causa democrática, y dando a conocer las luchas emprendidas por la oposición a la dictadura, en su esfuerzo por recuperar la democracia en Chile. En términos mas personales agradezco a La Voz de Rusia, (anterior, Radio Moscú) por mantener la memoria de mi padre, Salvador Allende, a través de programas especiales que recuerdan su gobierno y su muerte consecuente por los ideales que sustentó.



Sp: Camarada presidente. En mítines en Santiago tuve la dicha de escuchar los discursos de Salvador Allende… Volviendo a lo nuestro, nuestro equipo fue cobrando fuerza gradualmente. Afines de 1973 llegó a Moscú el conocido escritor y periodista José Miguel Varas. Mas tarde Eduardo Labarca y otros camaradas que formaban un colectivo compacto de especialistas. Fueron establecidos contactos directos con representantes de partidos de la Unidad Popular en distintos países del mundo, con demócrata cristianos, con militares constitucionalistas. Nuestro programa era sintonizado en 47 países. Desde Chile llegaban cartas de los oyentes. A veces eran documentos sonoros. Así, por canales de la resistencia chilena recibimos una grabación de Santiago del entierro de Pablo Neruda, el que se convirtió en la primera manifestación masiva de protesta.

M: La tragedia duró cerca de 17 años y, en todo ese período, los chilenos conocían la verdad de los hechos en su país, que intentaban ocultar los militares, escuchando por programas desde Moscú. Estériles fueron los intentos de Augusto Pinochet de silenciar la voz de la solidaridad. Así es como recuerda, en nuestros días, la tarea de esta emisora: “¿Quién no escuchó Radio Moscú y especialmente el programa Escucha Chile en las noches de aquel tiempo macabro de la dictadura? Las denuncias de Escucha Chile salvaron la vida de muchos prisioneros políticos en Chile y permitió a la Cruz Roja Internacional y a las Naciones Unidas ejercer presión sobre la dictadura por la libertad de esas personas.

Sp.: Y yo puedo confirmarlo. En septiembre de 1990, en un mitin en el Parque Forestal de Santiago, se acercó a mí un ex militar, quien me abrazó y con palabras de gratitud me contó que su salvación la debía a Radio Moscú. El nombre de esa persona aparecía en la lista de los arrestados, lo que ayudó a establecer el lugar de su reclusión y comenzar la campaña por su liberación.

M: Los programas de Radio Moscú tenían entonces singular popularidad en Chile y el extranjero. En aquellos años fue compuesta una canción sobre Radio Moscú. ¿Qué puedes decir Guenadi al respecto?
Sp.: Sí, recibimos una cinta con la grabación del tema titulado “Igual que tú”, en la interpretación del conjunto chileno “Quilapayún”, y un tiempo después nos encontramos con sus artistas en el departamento de José Miguel Varas. Las actuaciones del conjunto en Moscú, dirigido por Rodolfo Parada, tuvieron enorme éxito. Y esa canción la transmitíamos a menudo en “Escucha Chile”. Escuchémosla nuevamente con ustedes.

M: Escucha Chile, bajo esta bandera salía al aire el programa de la esperanza y de la solidaridad. No todos tuvieron la suerte de vivir para celebrar la caída de la dictadura. Hoy los chilenos recuerdan a los que perecieron en la lucha contra la violencia y el terrorismo de Estado. No hace mucho, nuestro colega Sergio Blaset visitó su patria chica, la ciudad chilena de Talca donde su hermano Hugo Antonio le pidió, a nombre de sus compañeros de Pelarco, agradecer a “La Voz de Rusia” la solidaridad en tiempos de la dictadura y, que difundiéramos el homenaje que Waldo González Cofré rindiera al intendente mártir Germán Castro Rojas. El discurso de Waldo González fue pronunciado este 12 de septiembre de 2009 , en el Acto de inauguración del Edificio Intendente Germán Castro Rojas, socialista que con su muerte salvó la vida de sus camaradas.

Sp: En el largo expediente de los crímenes de la dictadura figuran los “detenidos desaparecidos”. De ellos me habló una vez un participante en el Maratón de Moscú por la Paz, el profesor Luís Soto, quien estuviera preso en el campo de concentración de Chacabuco. El 13 de septiembre, su grupo realizó una carrera en torno al Kremlin en camisetas con las imágenes de Marcelo Concha, Lenin Díaz y Mariano Tiruel, para captar la atención de los moscovitas y de los participantes en el maratón en la suerte de los “detenidos desaparecidos”. Luís Soto, Francis Chavez y Cecilia Ubilla enviaron un telegrama a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en el que le piden su ayuda en la investigación de las circunstancias de la muerte y del lugar donde fueron a dar cientos de compatriotas en el período de la dictadura de Pinochet.

M: El programa “Escucha Chile” fue parte de la historia de ese país. Sobre el programa han sido escrito no pocos artículos, libros, y su experiencia es estudiada en facultades de periodismo de universidades chilenas. El cineasta Andrés Daie filmó un documental, el que fue presentado a fines de septiembre en Santiago. Un buen recuerdo del trabajo conjunto con los amigos y colegas chilenos guardan Guenadi Sperski, Leonard Kosichev, Igor Kudrin. Natalia Smirnova se desempeñaba entonces como secretaria de la sección chilena, y ahora, egresada de la Facultad de Periodismo de la Lomonosov de Moscú, es redactora. Natalia recuerda así los años de trabajo en la sección chilena:



Natasha: Queridos amigos: Aprovecho esta ocasión para expresar mi simpatía y cariño a Ligeia Balladares y Guillermo Ravest, a Marcel Garcés y Valentina, José Miguel Varas e Iris Largo, Eduardo Labarca, Lautaro Aguirre y María Victoria Corvalán, a Rolando Carrasco y a su esposa rusa, Olga… Recuerdo la alegría con que celebrábamos el año nuevo en la calle Vavilova, bebíamos cola de mono y degustábamos empanadas. Y los bailes que me pegaba con don Lucho Corvalán. En general, sabíamos trabajar y descansar bien. A todos tengo en mi corazón y quiero mucho. Deseo a todos mucha salud. Confío en viajar un día a Chile. Vuestra Natasha.

Sp: Me sumo Natalia a tus saludos y parabienes y deseo que se cumplan tus planes. Como un buen recuerdo del programa “Escucha Chile” guardo el libro de Volodia Teitelboim, titulado “Noches de radio. Una voz viene de lejos”, que me enviara con su autógrafo: “Esta tarea hermosa cumplida por ti y tus compañeros de trabajo, merece la gratitud permanente del pueblo chileno”.

M: Así hemos recorrido una memorable página de la historia de la Redacción latinoamericana de Radio Moscú-La Voz de Rusia: el programa “Escucha Chile”.

viernes, 30 de octubre de 2009

RADIO MOSCU Y LA VOZ DE RUSIA SUMAN YA: 80 AÑOS DE HISTORIA, 17 DE LOS CUALES FUERON LOS SOLIDARIOS ESCUCHA CHILE



Estimado amigo:

Es muy grato dirigirnos a Ud. para felicitarle por el Octagésimo Aniversario de la Compañía Estatal Rusa de Radiodifusión “La Voz de Rusia”, otrora Radio Moscú Internacional.

Al mismo tiempo aprovechamos la oportunidad para agradecerle el aporte considerable desplegado en el desarrollo de la radiodifusión internacional.

De todo el corazón le deseamos una buena salud, prosperidad y muchos años de vida.

Sus amigos de la Redacción de emisiones

en español y portugués de La Voz de Rusia

domingo, 11 de octubre de 2009

ESCUCHA CHILE LA PELICULA, UN HOMENAJE A LO QUE FUE LA SOLIDARIDAD MUNDIAL A LA LUCHA DE CHILE, TRANSMITIDA DESDE RADIO MOSCÚ




José Miguel Varas, Premio Nacional de Literatura de Chile, la periodista Vicky Quevedo y Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo de Chile, comentan el significado que tuvieron las transmisiones de Escucha Chile de Radio Moscú, durante los negros días de la dictadura pinochetista.




José Miguel Varas, director de Escucha Chile de Radio Moscú y Radio Magallanes, La Voz que el fascismo no pudo acallar, porque siguió sus emisiones desde Moscú,. gracias a la solidaridad del pueblo soviético.




Juan Pablo Cárdenas, director de Radio Universidad de Chile y quien ANÁLISIS, encabezó la principal revista opositora a la dictadura




Interviene Andres Daie, productor del documental




Esta fue la foto oficial del lanzamiento de la película Escucha Chile




Fue lindo reencontrar a Grecia, Iris y a Cecilia, amigas conocidas de Moscú



La gente, y entre ellos figuras como la periodista Oriana Zorilla, Mónica Caro y Patricia Torres, relegada en Pisagua y entrevistada por Escucha Chile, llenaron el Teatro Alameda para ver la película Escucha Chile y a algunos de sus protagonistas.



Fotos: Gentileza de Alvar Herrera