domingo, 5 de julio de 2009

Gracias Katia por darnos fe cuando se nos iba apagando.


Ekaterina Borísovna Oliévskaya.
Nuestra Katia
Lo primero, y tal vez lo único que se me ocurre, al recordar a Katia, es decir gracias.

En este camino sinuoso que nos ha tocado andar a los chilenos, nos hemos encontrado con personas muy diversas, con espíritus grandes y pequeños, luminosos y turbios. El de Katia era ancho, generoso y refinado. Uno de esos espíritus que, como los cirios, arden y se consumen, para dar luz.

Esa luz y esa generosidad la mantienen viva en cada uno de nosotros, en los que trabajamos con ella, en Radio Moscú, y en los que oyeron su mensaje esperanzador, en los días crueles de la dictadura de Pinochet.

La conocí a finales de 1973, cuando José Miguel Varas me embarcó en el equipo de Escucha Chile, y por cinco años leímos juntos el programa. Fueron años en que la vi ayudar a los colegas chilenos y sus familias en los innumerables asuntos cotidianos que iban surgiendo en aquella realidad geográfica y cultural, tan distinta de la nuestra. La vi ayudar con toda su fe a los chilenos peregrinos para que pudieran volver a su país y a Chile para que reconquistara la democracia.

Gracias Katia por todo eso. Gracias por la ternura y el optimismo, por darnos fe cuando se nos iba apagando.

Lo que vino después en Chile sin duda fue mejor que la dictadura, pero no deja de ser una estafa.

Al recordar hoy, agradecido, la figura de esta mujer ucraniana, de origen judío, educada en México y enamorada de Chile, quiero recordar también con gratitud a todo el equipo que trabajó en Radio Moscú y Radio Magallanes, desde Moscú, porque todos entregaron sus capacidades al máximo, sus talentos y su civismo para acercar el fin de la dictadura. Y quiero decir aquí sus nombres, aunque tal vez se me escapen algunos, y pido por ello disculpas anticipadas:

José Miguel Varas, Guayo Labarca, Volodia Teitelboim, Chino Ravest, Ligeia Balladares, Leonardo Cáceres, Gabriela Meza, Iris Largo, Pepe Secall, Miguel Gómez, Marcel Garcés, Lautaro Aguirre, Rolando Carrasco, René Largo, Fresia Painecura, Pancho Rodríguez, y de la parte soviética nuestro gran amigo armenio Bavkén Serapioniants, el ruso Guenadi Sperski y el ítalo-argentino Luis Ceccini, pionero de las emisiones en español de Radio Moscú.

La historia se puede valorar de muchas maneras, según el cristal con que se mire, pero el trabajo de Radio Moscú, el trabajo de Katia y el del equipo chileno y soviético que crearon y sostuvieron Escucha Chile y Radio Magallanes desde Moscú, informando lo que en Chile estaba prohibido, es también historia de Chile.

Un abrazo a todos.
Arturo Vergara.
Guayaquil,1º de julio del 2009

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