lunes, 26 de septiembre de 2011
RADIO LA HABANA DE CUBA Y PERIODISTA EDUARDO LABARCA RINDEN HOMENAJE A JOSE MIGUEL VARAS QUE ESTE MEDIODIA SERÁ SEPULTADO EN PARQUE DEL RECUERDO
VARAS
Por Eduardo Labarca, escritor
¿Por dónde empezar?
Quizás por el final, por la muerte de José Miguel Varas: muerte silenciosa, apacible como él.
¿Apacible?
Nada hay menos apacible que la vida de Varas. Lo apacible era su exterior sin estridencias, sin odios ni odiosidades. Porque interiormente Varas corría a la velocidad del sonido. Cuando leía, sus pupilas eran dos granos de maqui que galopaban adheridos a la página: palabras, ruidos, terremotos, nada interrumpía su concentración. Leía como metralleta, se devoraba un libro en una hora y lo increíble es que recordaba cada detalle.
Era un hombre quieto, casi inmóvil, encapsulado. No necesitaba gritar ni aletear: estaba protegido por su aura. Y cuando parecía que su silencio iba a impedir el contacto, una palabra, un gesto de su boca o sus ojos ponían a fluir la comunicación. Varas era un hombre de amigos, no de amiguetes; de confianza, no de confianzudez.
Su voz de barítono calmado dio solemnidad nocturna a los programas culturales y policiales de las radios chilenas a la antigua; puso una nota de indignación y urgencia en las transmisiones de Radio Moscú que los chilenos oían en las noches de la noche militar.
“Porai” se llama el personaje de una de sus novelas, vagabundo, afuerino de campo. Cuando le preguntaban de dónde venía, el hombrecito sólo atinaba a decir “por ahí”… “porai”. Hombrecitos nebulosos, mujeres como tantas son los/las protagonistas de los cuentos y novelas de Varas, quien las/los convierte en personajes literarios o simplemente de nuestra vida. Otro protagonista es el humor fino de sus relatos escritos de un tirón.
Vida desapacible. Varas viajó por todos lados y vivió en diversas partes. Leía en cualquier idioma y hablaba muchos. Cuando le pregunté dónde había aprendido el inglés, me dijo… “por ahí”, el francés lo agarró “par là”, el italiano quizás dónde, el checo y el ruso trabajando en las radios de los países respectivos.
El Premio Nacional le cayó sin hacer lobby y la visibilidad pública que le trajo fue todo menos buscada. Hablando de las horas que su flamante fama le arrebataba me dijo: “No puedo negarme”. Entendía el premio como un apostolado que lo inducía a atender a todo periodista que lo llamara o a cada estudiante que preparase una tesis, a escribir todos los prólogos que le solicitaran, a presentar libros buenos y menos buenos, a brindar en los inefables vinos de honor, a pronunciar responsos fúnebres en los cementerios.
Ni agitador ni hombre de exabruptos, Varas ponía su firma al pie de todos los manifiestos, fiel hasta el final a una causa amplia de justicia sin demasiadas etiquetas.
¿Qué habría sido de Varas sin Iris, su mujer, y sus cuatro hijas? Imposible imaginarlo solitario. Su ensimismamiento aparente era profundamente social, familiar.
Varas… porai.
Eduardo Labarca
www.eduardolabarca.com
http://eduardolabarca.blogspot.com/
RADIO LA HABANA RINDE HOMENAJE A JOSE MIGUEL VARAS
Desde Radio Habana Cuba expreso mis condolencias por el fallecimiento del colega y amigo José Miguel Varas, a quien conocí en Santiago en 1962, cuando cumplía misión diplomática en Chile y a lo largo de los años nos encontramos también en Moscú y en La Habana
Acabo de trasladar la triste noticia al compañero Tubal Páez, Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, y a otros colegas cubanos.
Pedro Martínez Pírez
Subdirector General
Radio Habana Cuba
domingo, 25 de septiembre de 2011
LEONARDO KOSISHEV DESDE MOSCU Y MANOLO DE LA ROSA DESDE LA HABANA, EXPRESAN SUS CONDOLENCIAS POR EL DECESO DE JOSE MIGUEL VARAS

Queridos Compañeros de Escucha Chile:
Solamente hoy he recibido la triste noticia. Mando este mensaje
de condolencias a Uds., familia de Varas, también a Luis
Figueroa y a Marcel Garcés.
En "La Voz de Rusia" el sábado y el domingo trabaja poca gente,
pero ayer el redactor del turno preparó y transmitió la información sobre la muerte
de Varas. Van a instalarla con su foto en la pagina de emisora en
Internet.
Yo solamente hoy he regresado del campo y he leído la carta que nos informa
esta triste noticia.
fuerte abrazo Leonard Kosichev
Moscú, Rusia, 25 de septiembre de 2011.
Para amigos de José Miguel Varas y su familia
Aunque todos somos mortales, me estremeció el fallecimiento
de José Miguel Varas. Yo y toda mi familia compartimos el dolor de la
partida de nuestro querido José Miguel. Hoy lo recordamos con un trago
de vodka, según la tradición rusa.
Hace poco durante su última visita a Rusia estuvo en mi casa
en Moscú. Aquello nos sirvió para recordar su sonrisa, su humor, su
compañerismo y su brindis: “Por mis fieles amigos rusos!” En realidad,
tenia muchos amigos en Rusia:
periodistas, escritores, diplomáticos, políticos y la gente corriente.
Era gran amigo de nuestro pueblo y admirador de la literatura clasica
rusa.
José Miguel hizo mucho para Chile, cuando estuvo en el exilio
en nuestro país. Y no solo a través del programa de Radio Moscú
“Escucha, Chile!” Todos los años de su vida en el exilio propagó la
cultura chilena en Rusia, sobre todo la obra de Pablo Neruda.
En mi biblióteca doméstica conservo la mayoria de sus libros, que
siempre van a recordarme a nuestro querido José Miguel, premio nacional
de literatura.
Trasmitan las condolencias mías, de mi esposa Lera, hijo Andrey a
Iris, compañera de José Miguel y sus hijas.
Leonard Kosichev
Director de programas de Radio Moscú para
America Latina en los años del programa “Escucha, Chile!”
CONDOLENCIAS DESDE CUBA
Fraternos compañeros de Escucha Chile:
Hoy el colega Pedro Martínez Pírez me llamó para darme la triste noticia del fallecimiento del amigo José Miguel Varas,lo que lamentamos muy sinceramente mi esposa Malena y yo.
Ha sido una pérdida muy sensible.
Te ruego transmitas a su esposa Iris e hija nuestras más sinceras condolencias.
Saludos a tu familia.
Un abrazo:
Manolo de la Rosa
RADIO LA HABANA - CUBA
LA VOZ DE RUSIA
Acaba de conocerse la triste noticia del deceso, en Santiago de Chile, del corresponsal de nuestra emisora, José Miguel Varas. Hombre de letras de gran valor en su país y el continente, distinguido con el Premio Nacional de Literatura, toda su vida la entregó al periodismo. Desde la capital chilena recibimos este luctuoso mensaje:
Estimados amigos:
Tenemos el dolor de informarles el fallecimiento de nuestro amigo, compañero del tiempo, pasado y presente, José Miguel Varas Morel.
Su deceso se produjo este viernes 23, a causa de una falla cardíaca.
"Jota Eme" será velado este sábado 24 y domingo 25 en la casa de la cultura "Michoacán", conocida como "la casa de la Hormiguita", Delia del Carril, ubicada en Lynch Norte 166, La Reina.
Sus funerales se efectuarán el lunes en el cementerio Parque del Recuerdo, Avenida Américo Vespucio 555, comuna de Huechuraba.
Previamente a las 12 horas se realizará un acto de despedida en Michoacán tras lo cual el cortejo se dirigirá al Parque del Recuerdo.
Les saluda, en nombre de la familia y de todos los compañeros y amigos de José Miguel, nuestro amigo de tantas batallas y circunstancias.
Marcel Garcés
viernes, 23 de septiembre de 2011
FALLECE JOSE MIGUEL VARAS, UN GRAN PERIODISTA, UN LUCHADOR POR LOS DERECHOS DE TRABAJADORES QUE LO DISTINGUIO EN TODO EL MUNDO

de Mario Gómez López, el Viernes, 23 de septiembre de 2011, 23:38
Inesperadamente, a las 19.30 horas, el Premio Nacional de Literatura 2006 y destacado periodista, José Miguel Varas, falleció a consecuencia de un paro cardiaco cuando dormía. Su fallecimiento se produjo el mismo día en que murió su gran amigo, el poeta Pablo Neruda.
José Miguel es un personaje de grandes historias que escribió, que lo hicieron merecedor a la máxima distinción de las letras en Chile y otras en distintos países, incluido Europa.
Fue quien dirigió el equipo de periodistas chilenos que desarrolló bajo la dictadura militar en Chile programas diarios a través de Radio Moscú, destinados a la opinión pública internacional y al pueblo chileno.
“Escucha Chile” fue sugerido desde Chile por un grupo de luchadores clandestinos. José Miguel Varas acompañó al secretario general del PC chileno, Luis Corvalán, en todas sus giras por los países europeos luego que la dictadura debió liberarlo por la presión internacional y la ayuda fraterna de la ex Unión Soviética en aquel entonces.

Los colegas de Varas lo recuerdan como un director, un profesional de notables condiciones y una devoción a la causa de la libertad del pueblo chileno como algo que significó alcanzar niveles de éxito y de madurez política en circunstancias nuevas que se gestaban tras el golpe militar en Chile.
Como uno de sus colegas que fue ayudante dentro del equipo que transmitía el programa “Escucha Chile” y otro que llevaba el nombre de Radio Magallanes.
Era un hombre absolutamente serio y, sin embargo, con un ingenio y una memoria para contar anécdotas y chistes o en salidas frente a situaciones como las que ocurrían en Moscú escribió un libro que descubre muchos secretos de cómo era la ex URSS y que el tituló “Las pantuflas de Stalin”. Para algunos de sus amigos, colegas, este libro marca su dedicación ciento por ciento al regresar del exilio a la literatura.
Para quienes no lo conocieron, sepan que tenía un ingenio con visiones de incalculables matiz, narradas con una seriedad monacal. En Moscú, su casa era el lugar de reunión dominical de los periodistas chilenos que trabajaban en Radio Moscú, con un asado a la sudamericana y uno o más vodka a la soviética.
Quienes le conocieron valoran su consecuencia política, su grandeza profesional como escritor y periodista y sus condiciones humanas para ser el gran amigo que todos soñammos y tener en nuestra vida.
miércoles, 6 de julio de 2011
EDUARDO LABARCA LE REFRESCA LA MEMORIA AL GENERAL MATHEI Y A LA FACH SOBRE LOS PILOTOS QUE BOMBARDEARON LA MONEDA Y AL PRESIDENTE ALLENDE

El segundo avión que atacó La Moneda iba piloteado por Fernando Rojas Vender (“Rufián”), quien llegó a ser comandante en jefe de la FACH. Su primer disparo apuntó al techo del palacio presidencial. En una última pasada, los pilotos usaron cañones de 30 mm. La operación fue coordinada desde tierra por el operador aéreo, comandante Enrique Fernández Cortez (“Gato”)
6 de Julio de 2011
Estos pilotos bombardearon La Moneda
Eduardo Labarca
Periodista y escritor. Autor del libro Salvador Allende. Biografia Sentimental
http://www.elmostrador.cl

Aunque los mandos de la FACH y los pilotos de la época “no se acuerdan”, los nombres de quienes bombardearon La Moneda se conocen y han de quedar registrados en la Historia de Chile. El ministro Mario Carroza, que investiga la muerte del Presidente Salvador Allende, interrogó en vano al general Fernando Matthei sobre la identidad de los participantes en el bombardeo y es poco probable que los demás oficiales que pueda citar recuperen la memoria.
Sin embargo la información la conocen otros antiguos miembros de la FACH que no están juramentados ni tienen motivos para guardar el secreto. A fines de la década del 70 del siglo pasado, el autor de esta nota recorrió durante dos semanas varias ciudades de Inglaterra y Escocia para entrevistar a ex miembros de la FACH y de la Marina que habían sido detenidos, torturados y expulsados de esas instituciones por haberse opuesto al golpe militar. Al darles asilo político, el Reino Unido los había repartido en diversas localidades. Las entrevistas quedaron registradas en más de 12 horas de grabación.
Los dos oficiales y dieciocho suboficiales de la FACH entrevistados mencionaron los nombres de los pilotos de los cazabombarderos Hawker Hunter que salieron de Carriel Sur, en Concepción, con la misión de destruir las antenas de las radios que apoyaban a Allende y disparar sus cohetes contra La Moneda y la residencia presidencial de Tomás Moro. Varios de los suboficiales expulsados eran técnicos, mecánicos o armeros y participaron en la preparación de los aviones y la carga de los proyectiles. Esos hombres mantenían una relación directa con los pilotos y los despidieron en la pista cuando emprendieron el vuelo hacia Santiago.

Oficial Líder de la operación fue el coronel Mario López Tobar (nombre de combate “Libra”), comandante del Grupo 7 y piloto del Avión 1, quien años más tarde escribió un libro sobre la jornada, pero sin dar nombres. El ataque comenzó con el bombardeo de cinco antenas, en el que participaron el propio López Tobar y otros tres aviones piloteados por “hunteristas”.
A las 11 de la mañana emprendieron vuelo desde Concepción otros cuatro cazabombarderos. La residencia de Tomás Moro fue atacada por los Hawker Hunter piloteados por el capitán Eitel Von Mühlenbrock y por el teniente Gustavo Leigh Yates, hijo del comandante en jefe de la FACH y miembro de la junta militar. Gustavo Leigh hijo equivocó el blanco y bombardeó el Hospital de la FACH, por lo cual hasta su muerte hace tres años era objeto de bromas y tallas en la institución.
Los otros dos aviones se elevaron a tres mil pies de altura y mientras volaban sobre la Estación Mapocho dispararon contra La Moneda sus cohetes antiblindajes Sura P-3, en cuatro pasadas. El primer disparo lo hizo el teniente de 24 años Ernesto Amador González Yarra (“Pekín”), famoso por su talento de piloto y certera puntería. González Yarra gozó por ello de gran prestigio en la institución hasta su muerte en 1995. Su primer disparo perforó la puerta principal de La Moneda con precisión.

El segundo avión que atacó La Moneda iba piloteado por Fernando Rojas Vender (“Rufián”), quien llegó a ser comandante en jefe de la FACH. Su primer disparo apuntó al techo del palacio presidencial. En una última pasada, los pilotos usaron cañones de 30 mm. La operación fue coordinada desde tierra por el operador aéreo, comandante Enrique Fernández Cortez (“Gato”).
Hay discrepancias en torno a la hora exacta del ataque a La Moneda. Según el coronel López Tobar, comandante de la operación, comenzó pocos minutos antes de las 11.30. El almirante Patricio Carvajal, jefe del estado mayor del golpe, sitúa el ataque entre las 11.52 y las 12.08. Según el general Gustavo Leigh, entonces comandante en jefe de la FACH, el ataque tuvo lugar “después de las 12”.
La celebración del éxito de la operación fue entusiasta, pero no unánime en la FACH. Cuando al regresar de la misión uno de los pilotos descendió de la cabina de su Hawker Hunter en la pista de Carriel Sur, fue recibido por un grupo de suboficiales que en lugar de felicitarlo lo miraron en silencio. El piloto se acercó, bajó la vista y les dijo:
–Lo siento… No fue mi culpa… no fue mi culpa… Perdonen…

Eduardo Labarca
Trabajó en el Programa Escucha Chile de Radio Moscú
domingo, 15 de agosto de 2010
LUIS CORVALAN EN LA RETINA DE LOS RECUERDOS DE JOSE MIGUEL VARAS, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA

UN TAL CORREA
Desde el estrado que pusieron a la entrada del Cementerio General para la despedida final a Luis Corvalán, Andrea Insunza Corvalán habló de su abuelo con palabras bellas y certeras:
“Mi abuelo fue, ante todo, un tipo sencillo y honesto en su sencillez. Nació en una familia humilde y admiró profundamente a su madre Adelaida, pues fue ella quien se hizo cargo de criar a cinco hijos abandonados por el padre cuando mi abuelo tenía apenas 5 años. De ella aprendió a nunca darse por vencido, pues la bisabuela Adela, una mujer que no sabía leer ni escribir, tomó las riendas del hogar, se hizo costurera a domicilio, alimentó a sus hijos, y los educó para socorrerse mutuamente. Siempre, y hasta el miércoles en que nos dejó, mi abuelo tuvo cerca el retrato de su madre. /…/ En un hogar en que no se celebraban los santos, los cumpleaños, la pascua, ni el Año Nuevo, mi abuelo aprendió desde niño a lidiar dignamente con la escasez. Quizás por eso prefería el pipeño al buen vino, la comida casera a los restaurantes, la huerta propia y los corrales de pollos y cerdos, antes que el supermercado, en fin, la vida sencilla y austera a la que nunca renunció. Decía él que había que enseñar con el ejemplo, y así lo hizo”.
Escuchándola se me precipitaron los recuerdos.

Lo conocí en 1950. Me lo presentó Joaquín Gutiérrez (1) mientras caminábamos por la calle San Antonio, en una de nuestras habituales conversaciones peripatéticas, que nos llevaban desde la Librería Nascimento, donde él trabajaba, hasta el Correo Central de la Plaza de Armas y de vuelta a la librería.
Eran tiempos difíciles para el Partido Comunista: la ilegalidad y la represión del insigne traidor González Videla. Yo era un militante bisoño, todavía no me habituaba a mi nombre de Partido: Vicente, y sufría de una especie de picazón político-ideológica que me hacía tratar de leer, saber, entender y asimilarlo todo al plazo más breve. Mis conversaciones con Gutiérrez, militante antiguo, se componía especialmente de preguntas y respuestas: mis preguntas, sus respuestas.
Vamos caminando, pues, por la calle San Antonio, cuando veo que Joaquín se inclina profundamente para dar la mano a un hombre pequeño y delgado que ha aparecido misteriosamente caminando a nuestro lado. La profundidad de la inclinación no se debe a una forma arcaica de cortesía, sino a razones físicas: Gutiérrez mide más de un metro noventa, el desconocido tendrá apenas un metro sesenta.
- Este es el compañero Correa –dice Joaquín.
El hombre saluda sonriente. Sus ojos achinados casi desaparecen entre las “patas de gallo”, arrugas de alguien que sabe tomar la vida con humor. Nariz aguileña, pelo oscuro, bigote ralo. Camisa blanca muy gastada, corbata oscura. Un chileno pobre, cara de obrero o campesino. Joaquín le pregunta cómo va la casa. El hombre sonríe de nuevo e inicia un minucioso relato que continúa mientras nos tomamos una tacita de café, sentados ante una mesita en la fuente de soda “Dante”. Bueno, dice, los compañeros me liberaron de tareas por dos días para que pueda avanzar más rápido en la casa, aprovechando el buen tiempo. Sí, la estoy construyendo yo mismo con la ayuda de mi suegro, que tiene mucha práctica en el adobe. En realidad, no es propiamente una casa, es una pieza con techo. Ahí vamos a vivir, mi compañera, el hijo, la hija recién nacida, mi suegro y mi suegra. Poco lugar para tanta gente, pero, ¿qué se va hacer? Los pesos son escasos. Los funcionarios no nadamos en la abundancia.
-¿Funcionario público? –pregunto yo con inocencia. Joaquín y Correa ríen largamente. Yo miro primero a uno, después al otro, sin entender. Se ríen aún más.
-No, compañero –dice al fin Correa- funcionario del Partido.
Me quedo con la boca abierta. La idea de que el Partido tiene funcionarios, es decir, hombres que reciben un salario para dedicar todo su tiempo a la actividad política, a la Revolución, me parece una revelación maravillosa. Al mismo tiempo advierto que se trata de funcionarios pobres. Pobrísimos.
A Correa están a punto de lanzarlo a la calle. El dueño le subió el arriendo del caserón decrépito en que vive y no puede pagarlo. Lo echa con su compañera y sus hijos y sus suegros. Es tan “humano” que les da un plazo de dos semanas para que busquen adonde irse. Por suerte, un compañero profesor le ha ofrecido un sitio en un “loteo” de la Comuna de la Cisterna. No es más que un pedazo de suelo pelado. La casa tiene que ponerla Correa. Será de adobes. Joaquín formula preguntas técnicas sobre el adobe: dimensiones, receta de la mezcla del agua con la tierra y con la paja, duración del secado, forma de colocación de los adobes, etc.
-El barro hay que formarlo en un hoyo excavado a pala “a pura pata”, como quien pisa uva –explica Correa-. Se recomienda sacarse los pantalones para no ensuciarlos. Los adobes se forman vaciando el barro mezclado con paja en moldes de madera. Los muros ya están “así” (indica la altura con la mano) están saliendo muy derechitos y parejos. La casa puede estar lista en una semana. Otro compañero, que es de la construcción, está haciendo la armazón para el techo y va a ayudar a colocar las tejas.
Después se pasa a los temas políticos. En poco tiempo y en palabras sencillas, Correa describe un vasto cuadro: habla del precio del trigo y de lo que pasa en el campo y en el mercado, de los sindicatos que luchan contra la prohibición de elegir dirigentes comunistas, de las alzas y la inflación, de la cotización del cobre en Londres, de la lucha interna en el Partido Radical, del ascenso del movimiento sindical de los empleados bancarios y fiscales, de los presos políticos, de las vinculaciones del grupo dirigente del Partido Radical con la oligarquía financiera y las compañías yanquis. Con la misma sencillez habla luego de la guerra fría, de la bomba atómica y el movimiento mundial por la paz, de la Unión Soviética y las Democracias Populares.

Mira el reloj, se despide. Después que parte, interrogo a Joaquín: ¿Quién pero quién es este compañero? ¿Cuál es su profesión, qué hace en el Pa…- me interrumpo, porque ya sé que hay cosas que no se preguntan.
Gutiérrez, lacónico: -Es profesor primario. Y periodista. Revolucionario profesional. Es un hombre de la Dirección.
Unos meses después, Joaquín me llevó a la oficina de Correa, en el entrepiso de un edificio de la calle Agustinas, frente al local de la Sociedad Nacional de Agricultura. En la oficina había un escritorio, tres sillas, un pequeño estante para libros. No cabía nada más. Con Joaquín, Correa y yo en ella, parecía atestada. Correa colocó sobre la mesa con cierta solemnidad, un pesado paquete envuelto en papel café y amarrado con un cáñamo. Lo abrió cuidadosamente y nos dijo:
-¡Listo el pescado!
Eran los primeros ejemplares, olorosos a tinta y a papel recién cortado, del “Canto General” de Pablo Neruda. Edición clandestina de diez mil ejemplares. Joaquín comentó que eso era un record para Chile, donde nunca un libro de poesía había sido lanzado en tal tiraje y un record para América Latina en materia de ediciones clandestinas. El libro, con tapas de cartulina gruesa de color sepia, era de gran tamaño, en “octavo”, y el título “Canto General”, así como el nombre del autor aparecían en la portada en gruesas letras. Decía además: “América 1950”. Correa sonreía y daba leves palmadas al grueso volumen, como quien palmea el cogote de un caballo. Con evidente orgullo explicó:
-La tarea ha sido complicada. La composición se hizo en una parte, la impresión en otra. Hubo que trasladar todo el metal de un extremo a otro de Santiago. También el papel. Después sacar por etapas los cuadernillos impresos, porque la encuadernación se hizo en un tercer local. Joaquín sabe todo eso, porque le tocó una buena parte de la tarea, junto con su compañera. Pero todavía falta algo que es difícil: la distribución. Hay una cantidad de ejemplares vendidos anticipadamente, por suscripción. Creo que por lo menos una parte los despacharemos por correo.
El pie de imprenta indicaba que el libro se había hecho en la inexistente “Imprenta Juárez de México”. Detalle que resultó inteligente porque, cuando la policía detectó algunos ejemplares del “Canto General”, creyó realmente que habían sido traídos del exterior y estimó que la cantidad de libros en circulación no podía ser elevada. La relativa falta de atención que prestó al hecho, contribuyó a que la distribución pudiera completarse, sin tropiezos graves, en todo el país.
Joaquín propuso ir a tomar una botella de vino para celebrar el acontecimiento. La invitación fue aceptada, siempre que, dijo Correa, se hiciera extensiva a su compañera, que lo esperaba cerca de allí. Brindamos por el “Canto General” en un pequeño bar de la calle Moneda, desaparecido hace años. La morena y buenamoza Lily, de ojos pícaros, labios gruesos y sonrisa pronta, relató las últimas tribulaciones de la familia:
-¿Les contó Lucho de la casa que hicieron junto con mi papá, en el sitio que nos pasó un compañero?
-Sí, nos contó.
-Lo malo es que el sitio no era del compañero. Mejor dicho, el sitio del compañero no era ése, estaba como una cuadra más allá.
Joaquín se puso serio-: ¡No era el sitio donde ustedes construyeron! ¿Y que pasó entonces?
Lily sonreía con todos sus dientes, Correa fumaba y sonreía también. Ella continuó:
-Bueno, nada. Nos echaron de nuevo. Apareció el dueño del terreno y armó un escándalo. Lucho le dijo que talvez se había cometido un error, hay que ir a ver el plano, consultar en Bienes Raíces. El hombre se apaciguó y fueron juntos a hacer las consultas del caso. Resultó que tenía razón. O sea, tenemos que irnos de ahí. Por suerte el dueño entendió la situación, vio a los niños chicos, a los viejos. Igual exigió que nos fuéramos, pero nos dio un plazo.
-Habrá que cambiarse, pues -Correa ladeó la cabeza y se encogió de hombros-: Ya tengo ubicado el verdadero sitio del compañero profesor, ahora sí, con seguridad. Habrá que hacer otra casa…
-¿Y van a perder la que tienen ahora?
Lily se rió a carcajadas-: No es gran cosa lo que se pierde. Es una pura pieza de adobe con un tejado. No tiene ni tablas en el piso. Yo le he dicho a Lucho que ahora tiene que hacer algo mejor, de material sólido, y por lo menos con dos piezas para no estar tan amontonados…
-Lo embromado es que ya va a comenzar el mal tiempo –dijo Correa- y hay tantas tareas…
Estaba algo pensativo, pero no abatido. Cuando volvió a hablar, ya había dejado atrás el tema de la casa. Le preocupaba la educación política de los nuevos militantes, y también de los viejos. Y la falta de tiempo, que le dificultaba terminar un trabajo que él mismo había propuesto a la dirección: la biografía de Ricardo Fonseca. (2) Más tarde supe, por Joaquín, que Correa y su familia habían abandonado la casa “equivocada” y se habían trasladado a una nueva, en el mismo sector, también construida por él, con la ayuda de su suegro y de un camarada albañil que se agregó al equipo. La nueva casa tenía tres piezas, era de ladrillo, con cielo raso y piso de madera, un verdadero lujo.

La preocupación principal de Correa en esos días, me dijo Joaquín, era ir creando las condiciones para sacar un periódico legal, que al comienzo debía aparecer dos o tres veces por semana, con la perspectiva de llegar a transformarlo en diario. Se estimaba que ya existían condiciones políticas para que el Partido ilegal tuviera un periódico legal. “Democracia” salió a fines de 1950, si la memoria no me engaña. En sus páginas aparecían con frecuencia comentarios políticos firmados por Luis Correa. Por entonces yo ya sabía que el tal Correa era en realidad Luis Corvalán. Encargado Nacional de Propaganda del Partido Comunista de Chile.
José Miguel Varas
Notas.
(1) Escritor costarricense, novelista y poeta, que vivió treinta años en Chile.
(2) El libro apareció en 1952, bajo el título “Ricardo Fonseca, combatiente ejemplar”, sin firma de autor.
(Pedro Correa fue el nombre usado por el Partido Comunista de Chile, en los comentarios que hizo a través del programa Escucha Chile de Radio Moscú)
miércoles, 21 de julio de 2010
LUIS CORVALÁN, UN HIJO DE SU PUEBLO Y UN POLITICO EJEMPLAR FALLECIÓ ESTE MIERCOLES EN LA MADRUGADA

LUIS CORVALÁN, UN HIJO DE SU PUEBLO Y UN POLITICO EJEMPLAR FALLECIÓ ESTA MADRUGADA
Por Mario Gómez López
Quien fuera secretario general del Partido Comunista durante un tiempo excepcionalmente extenso, a consecuencia de la persecución personal en su contra bajo el gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952), no abandonará nunca el respeto por los trabajadores de su país y la lección de consecuencia, responsabilidad, sacrificio y entrega absoluta a sus obligaciones que fueron un sello de distinción además de una contribución permanente a la unidad de los trabajadores de nuestro país.
Hace unos días, este espacio publicó una fotografía en que él, de pequeña estatura, escuchaba unas declaraciones de Fidel Castro en una etapa crucial de la vida del que por largos años fue secretario general de su partido. Esa fotografía suscitó una reacción de profundo cariño y respeto. Esos dos aspectos de esa relación con los chilenos le dieron a la política en sí una calidad que emanaba del corazón de su pueblo. Podría afirmarse que él fue una lección permanente de modestia, de un lenguaje chispeante y de una profundidad teórica sorprendente.
Viajó por el mundo y su figura pequeña en tamaño físico alcanzó dimensiones de un político de altísimo nivel.
Quien esto escribe fue siempre amigo de él, a partir de una amistad más grande y profunda con mi hermano José Gómez López, ya fallecido, y muchas veces ellos dos discutían caminando entre Ahumada y Amunategui, por la acera norte de la Alameda y yo amoldándome a los pasos cortos de ambos y a las súbitas interrupciones en que se detenían para reafirmar alguna idea.
Don Lucho intentó que José Gómez se reintegrara al Partido del que fue militante desde muy joven. Pero éste siempre le explicó: no puedo superar mi angustia de que tengamos prohibición de salir a la calle a denunciar al traidor Gabriel González Videla que ocupaba la presidencia de la República.
De alguna manera fui hijo de mi hermano que despertó en mí esa férrea solidaridad con clase trabajadora, me llevó a ser un obrero de la construcción, un trabajador campesino y en Argentina, ajustador de máquinas telefónicas.
Creo que quien haya conocido a Don Lucho tendrá un recuerdo lleno de sentimientos personales y él nunca pretendió ni quiso ser una estrella de la política sino el mismo estudiante de maestro primario de la Escuela Normal de Chillán.
En Moscú, caminábamos domingo a domingo por el Parque Botánico en que él adoptaba una actitud de timidez ante los saludos y gritos de cariños que los moscovitas le brindaban porque nunca se consideró héroe de nada.
Hoy al despedirme de él, represento a José Gómez, a mi familia, a tantos que lo consideramos siempre sabio, leal, que en sus análisis entregaba todo lo que su Partido le había enseñado, además del producto de sus increíble cantidad de libros que hace unas semanas atrás me los mostraba empinándose para alcanzar un volumen y contarme la historia de a quien correspondía y la dedicatoria que el autor le brindaba.
Me contó un secreto: “Mario, Lily está enojada conmigo”. Ella no había parecido aún en el living y se encontraba dedicada de salud. Hoy, mañana, se reunirán sus hijas con sus hijos, que son los nietos de este chileno tan chileno y habrá de parte toda la familia un mensaje para el único hijo varón fallecido durante su exilio.
Don Lucho, usted fue un grande, usted con su sencillez y sabiduría creó frases que se recordarán siempre, sus términos criollos, en especial al iniciarse una campaña electoral.
A días de que intenten perdonar a los más feroces asesinos de nuestro pueblo en la historia de Chile, una abrazo para la familia y nuestros respetos a todos los que estuvieron y seguirán con él.
domingo, 31 de enero de 2010
DIRECTIVOS DE RADIO LA VOZ DE RUSIA VISITAN AL EMBAJADOR DE CHILE EN MOSCU, AUGUSTO PARRA

Aquí están Leonard Kosichev, Jefe de las Emisiones de la Voz de Rusia para América Latina y España, el Embajador de Chile en Rusia, Augusto Parra, el periodista Genadi Sperski y el Encargado de negocios de Chile en Rusia.
Durante la visita del 24 de diciembre de 2009, a la Embajada chilena, en Moscú.
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